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Doctrina de la fe: no se puede considerar Fiducia supplicans «herética, contraria a la Tradición o blasfema»

El cardenal prefecto y el secretario reiteran en una nota que la doctrina sobre el matrimonio no cambia, que los obispos pueden discernir su aplicación en función del contexto y que las bendiciones pastorales no se pueden equiparar a las litúrgicas

Después de la reacción en numerosos sectores eclesiales que está generando la declaración Fiducia supplicans, fundamentalmente en conferencias episcopales, el Dicasterio para la Doctrina de la fe ha salido al paso con una nota para «ayudar a clarificar su recepción».

«Las comprensibles manifestaciones de algunas conferencias episcopales —comienza el texto firmado por el cardenal prefecto, Víctor Fernández, y el secretario, Armando Matto— sobre el documento Fiducia supplicans tienen el valor de evidenciar la necesidad de un tiempo más prolongado de reflexión pastoral».

Y continúa señalando que la postura de algunos obispos en modo alguno puede interpretarse como una oposición doctrinal, «porque el documento es claro y clásico sobre el matrimonio y la sexualidad». En este sentido, recoge algunas frases del documento en las que se afirma, por ejemplo, que la doctrina no cambia y que bendecir a parejas irregulares no significa convalidar su estatus.

Por tanto, según Doctrina de la fe «no habría lugar para distanciarse doctrinalmente de esta declaración ni para considerarla herética, contraria a la tradición de la Iglesia o blasfema».

Aclarada esta cuestión, la nota se ocupa de cuestiones como la recepción práctica, la situación de algunos países o la verdadera novedad del documento. También pone ejemplos de cómo podrían ser estas bendiciones y considera necesaria una catequesis para entenderlas.

Tiempos de aplicación

Así, la aplicación de Fiducia supplicans podría requerir más o menos tiempo en función de los contextos y del discernimiento de cada obispo: «En algunos lugares no se advierten dificultades para una aplicación inmediata, y en otros ven la necesidad de no innovar mientras se toman todo el tiempo que haga falta para la lectura e interpretación».

Apunta, por tanto, que «la prudencia y la atención al contexto eclesial y a la cultura local podrían admitir diversos modos de aplicación, pero no una negación total y definitiva de este paso que se está proponiendo a los sacerdotes». Y añade que en lugares donde declararse homosexual puede acarrear penas de cárcel, torturas y la muerte «sería imprudente una bendición».

«La verdadera novedad de esta declaración no es la posibilidad de bendecir parejas irregulares. Es la invitación a distinguir entre dos formas diferentes de bendiciones: litúrgicas o ritualizadas y espontáneas y pastorales», reseña.

Ejemplo práctico

Y da pautas. Así, las bendiciones pastorales deben ser muy breves, de pocos segundos, sin ritual ni bendicional, donde se pide a Dios paz, salud y otros bienes para las personas. Pone un ejemplo: «Imaginemos que en medio de una gran peregrinación, una pareja de divorciados en nueva unión, le dicen al sacerdote: “Por favor, denos una bendición, no conseguimos empleo, él está muy enfermo, no tenemos casa, la vida se nos vuelve muy pesada, que Dios nos ayude”. Ese caso, el sacerdote puede decir una simple oración semejante a esta: “Señor, mira a estos hijos tuyos, concédeles salud, trabajo, paz, ayuda mutua. Libéralos de todo lo que contradice tu Evangelio y concédeles vivir según tu voluntad. Amén”. Y finaliza con el signo de la cruz sobre cada uno de los dos».

Así, el cardenal prefecto y secretario se preguntan si tiene sentido negar este tipo de bendiciones a dos personas que la suplican y si no vale la pena sostener la fe, auxiliar en la debilidad y «dar cauces a esa apertura a la trascendencia que podría llevarlos a ser más fieles al Evangelio.

La nota concluye con la recomendación de que en algunos lugares haya una catequesis que ayude a entender que este tipo de bendiciones no son una ratificación de la vida que llevan quienes la solicitan ni una absolución. «Tendremos que acostumbrarnos a aceptar que si un sacerdote da este tipo de sencillas bendiciones no es un hereje, no está ratificando nada ni está negando la doctrina católica».

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