Santiago Portas es director nacional de Instituciones Religiosas y Tercer Sector en Banco Sabadell y director académico del Curso de Asesor Financiero para Entidades Religiosas y del Tercer Sector organizado por la entidad financiera y la Universidad Francisco de Vitoria
Ya ha comenzado la nueva edición del Curso de Asesor Financiero para Entidades Religiosas y del Tercer Sector, una formación por la que ya han pasado más de 1.000 alumnos y que ofrecer un conocimiento integrado de organizaciones religiosas, así como ONG y otras asociaciones.
Un curso en el que se asumen contenidos fundamentales sobre siete asuntos relevantes en la gestión de este tipo de instituciones: la estructura jerárquica de la Iglesia, fiscalidad, patrimonio, doctrina social de la Iglesia, cooperación al desarrollo y tercer sector, gestión de patrimonio financiero y compliance y blanqueo de capitales.
Todavía estás a tiempo de matricularte en el curso. El plazo está abierto hasta el 16 de junio. Además, los clientes del Banco Sabadell tiene un 80 % de beca.
Desde el 24 de febrero, Santiago Portas, director nacional de Instituciones Religiosas y Tercer Sector en Banco Sabadell y director académico del curso, ofrece cada semana pequeñas píldoras, a modo de avance, sobre los contenidos del curso. Esta semana, nos habla de gestión patrimonial de las instituciones religiosas.
Lo que todo asesor financiero de entidades religiosas debe saber sobre Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Para un responsable al frente de la administración de las obras de cualquier entidad de la Iglesia, conocer la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) no es un complemento opcional, sino que se hace imprescindible. No solo porque define el marco ético de cualquier decisión, sino porque refleja la visión cristiana sobre la persona, la sociedad y el papel que las instituciones deben desempeñar en el mundo.
¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?
La Doctrina Social de la Iglesia es el conjunto de enseñanzas y reflexiones que la Iglesia Católica ha desarrollado a lo largo de su historia para iluminar, desde la luz del Evangelio, las realidades sociales, políticas, culturales y económicas. Más que un cuerpo cerrado o un simple catálogo de normas, es una reflexión viva y dinámica que la Iglesia ofrece como guía para responder a los retos de cada época, siempre desde el reconocimiento de la dignidad de la persona humana y la búsqueda del bien común.
Si bien la Doctrina Social de la Iglesia adquiere un perfil moderno y sistemático con la encíclica Rerum Novarum(1891), de León XIII, en la que se aborda la situación de los obreros y la cuestión social en el contexto de la Revolución Industrial, sus raíces son mucho más antiguas. Ya desde los Padres de la Iglesia, pasando por pensadores medievales como santo Tomás de Aquino, la Iglesia ha reflexionado sobre la justicia, el trabajo, la propiedad privada y el orden social, siempre a la luz de la fe.
Desde Rerum Novarum, el magisterio social de la Iglesia se ha ido ampliando y enriqueciendo con nuevos documentos que abordan los desafíos de cada momento histórico, entre ellos:
- Quadragesimo anno (1931, Pío XI), sobre la reconstrucción del orden social y la actualización de la enseñanza social cuarenta años después de Rerum Novarum.
- Mater et Magistra (1961, Juan XXIII), sobre la cuestión social en un mundo en transformación.
- Populorum progressio (1967, Pablo VI), centrada en el desarrollo integral de los pueblos.
- Laborem exercens (1981, Juan Pablo II), sobre la dignidad del trabajo humano.
- Sollicitudo rei socialis (1987, Juan Pablo II), sobre las preocupaciones sociales contemporáneas.
- Centesimus annus (1991, Juan Pablo II), al cumplirse 100 años de Rerum Novarum, con una reflexión sobre el cambio de época tras la caída del comunismo.
- Caritas in veritate (2009, Benedicto XVI), sobre el desarrollo humano integral, en la caridad y en la verdad.
Durante el pontificado del Papa Francisco, quien ha profundizado en cuestiones como la economía, la ecología y la fraternidad universal, destacan análogamente:
- Evangelii gaudium (2013), sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, con una fuerte denuncia de la «economía de la exclusión».
- Laudato si’ (2015), sobre el cuidado de la casa común, que integra la ecología y la justicia social como parte de un único desafío ético.
- Fratelli tutti (2020), sobre la fraternidad y la amistad social, que ofrece una reflexión profunda sobre las relaciones sociales, políticas y económicas en el mundo contemporáneo.
Más allá de las circunstancias concretas que cada documento aborda, todos comparten un mismo núcleo esencial: colocar a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, en el centro de toda reflexión social, y recordar que no puede haber un verdadero desarrollo sin respeto por la dignidad humana, la justicia, la solidaridad y la promoción del bien común.
Principios esenciales de la Doctrina Social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia no es un tratado teórico, sino un conjunto de principios vivos y operativos que ayudan a analizar la realidad y orientar la acción cristiana en el mundo. Entre estos principios esenciales destaca la dignidad de la persona, que nos recuerda que todo ser humano posee un valor intrínseco por haber sido creado a imagen de Dios, con una dignidad inviolable que debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural. Esta verdad atraviesa toda la DSI y es el punto de partida de cualquier compromiso social. Junto a ella, el bien común nos enseña que la auténtica prosperidad no es la suma de intereses individuales, sino el conjunto de condiciones sociales que permiten a cada persona y comunidad alcanzar su pleno desarrollo, un objetivo que requiere la colaboración responsable de todos.
La solidaridad aparece como un compromiso firme y constante por el bien de cada persona y de toda la humanidad, recordándonos que somos interdependientes y que la paz social solo es posible cuando se construye sobre la justicia y la atención a los más vulnerables. En equilibrio con este principio, la subsidiariedad defiende que las decisiones deben tomarse lo más cerca posible de las personas, respetando la autonomía de los grupos e instituciones más cercanos a la realidad concreta, de modo que el Estado o las instancias superiores solo intervienen cuando es necesario para garantizar el bien común, sin sustituir lo que otros pueden hacer mejor.
El destino universal de los bienes nos muestra que los recursos de la tierra están destinados a todos, sin excluir a nadie. El derecho a la propiedad privada es legítimo, pero siempre condicionado a su función social, como recordaba San Juan Pablo II al afirmar que sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca social. De la mano de este principio emerge la participación, porque toda persona tiene no solo el derecho, sino también el deber de contribuir a la construcción de la sociedad, creando comunidades abiertas y democráticas donde cada uno aporta desde sus talentos y capacidades.
Finalmente, la justicia y la caridad se entrelazan como dos caras de la misma moneda: la justicia nos llama a dar a cada uno lo que le corresponde, mientras que la caridad nos impulsa a ir más allá, movidos por el amor. En la DSI, ambas son inseparables, porque la justicia es el mínimo irrenunciable y la caridad es el alma que da vida y sentido a toda acción cristiana en el mundo.
¿Por qué es clave para un asesor financiero?
Para un asesor financiero que trabaje para entidades religiosas, conocer y aplicar la DSI supone altamente un mandato ético y una responsabilidad moral. No basta con buscar rentabilidad: cada inversión, cada gasto y cada decisión financiera deben estar alineados con los principios de la DSI y con los últimos llamados de la Santa Sede.
En resumen, la gestión financiera en una entidad religiosa no debiera ser neutra. Refleja, construye y testimonia su identidad y misión. Y esa identidad se apoya en la Doctrina Social de la Iglesia, un faro que sigue iluminando cómo construir un mundo más justo, solidario y fraterno.








