“De lo que rebosa el corazón habla la boca” (Lc 6,45)
- ¿Vemos en nuestro ambiente que de verdad las palabras reflejan lo que brota del corazón de la persona?
- ¿Es posible constatar que las malas intenciones se reflejan en malas palabras y que el bien se manifiesta en la bondad del lenguaje?
- ¿A qué se puede deber la incoherencia de los sentimientos y el afecto con las expresiones de la persona?
- ¿Por qué puede responder este pensamiento a la experiencia de cualquier persona, creyente o increyente?
- Esta frase nos recuerda la literatura sapiencial de Israel. ¿Qué ofrece de nuevo en el discurso de Jesús?
- ¿Cómo podemos convertir este pensamiento en un motivo para nuestra oración personal?
- ¿Examino yo mi conciencia para ver cómo mis palabras reflejan la bondad o la malicia de mis sentimientos?







