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El diálogo, camino para la iglesia

Los días 14, 15 y 16 de mayo tendrá lugar en nuestra diócesis, concretamente en Astorga (día 14) y en Ponferrada (días 15 y 16) la Semana Social bajo el lema: “El diálogo, camino para la Iglesia”. Se trata de una iniciativa eclesial que pretende difundir la Doctrina Social de la Iglesia y fomentar su aplicación en el ámbito local y regional. Nuestra Iglesia particular se une a la 44 Semana Social a nivel nacional coordinada por la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El tema que se nos propone para la reflexión es de enorme actualidad y urgencia: el diálogo. 

Nuestra participación se va a aglutinar en torno a dos mesas redondas compuestas por políticos, sindicalistas y empresarios, en las que también participaré yo mismo para aportar la mirada cristiana sobre el diálogo en los ámbitos político y social. El último día, tendrá lugar una conferencia sobre el diálogo eclesial impartida por el párroco de S. Pedro de Ponferrada Javier Redondo.

La Asamblea final sinodal de la CEE celebrada en Madrid el 11 de junio de 2022 indicaba que “los cristianos no podemos vivir como si fuéramos una realidad social ajena a este mundo. Debemos caminar junto con la sociedad actual y ello implica esforzarnos por abrirnos a todos. Una resonancia especial posee la necesidad de mostrarnos como Iglesia que escucha y acompaña”.

Una mirada empática al estilo de Jesucristo nos descubre una sociedad inmersa en numerosas polarizaciones y desencuentros. Las crisis encadenadas que venimos sufriendo desde el año 2008 nos desvelan que la recuperación económica ha alcanzado antes a las rentas del capital que a las del trabajo, promoviendo así una mayor desigualdad y demostrando al mismo tiempo cierta debilidad estructural de nuestro modelo económico (cf. ISP 15). En definitiva, se comprueba que los procesos de crisis generan un proceso de polarización socioeconómica.

Junto a ella, se da una polarización política, cultural, ideológica y emotiva. Este proceso viene alimentado a través de convicciones y sentimientos de hostilidad hacia aquellas personas con las que no nos identificamos y nos mueve a alinearnos progresivamente en torno a diferentes grupos e identidades excluyentes entre sí. Cuando estas posturas se extreman, se hacen irreconciliables y consolidan los populismos.

Esta polarización, de la que no se escapa ni siquiera el ámbito religioso, nos lleva a preguntarnos qué tipo de persona y de sociedad estamos construyendo. La conclusión parece clara: hemos llegado al actual estado de fragmentación social y de polarización a base de generar una persona autosuficiente, desconfiada en las instituciones, individualista, bien informada, pero poco comunicada.

En medio de este contexto, es oportuno recordar que el diálogo es una necesidad personal. Todos necesitamos, llegado el caso, una palabra sanadora, alguien con el que compartir una conversación o un silencio. Es también una necesidad social. En nuestro mundo, sobran guerras, conflictos y destrozos de recursos naturales. Se hace necesario contar con instituciones y liderazgos que, más allá de los intereses particulares o fragmentarios, transmitan confianza, promuevan la unidad de la familia humana y fomenten una cultura del diálogo.

Y, en definitiva, el diálogo es necesario también para la evangelización. La Iglesia no existe para sí, sino para los demás y está llamada a servir el Evangelio de la salvación, también a alejados e indiferentes. Nos lo recordaba el Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro: “Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche… capaz de entrar en su conversación… que sepa dialogar”. Esa es nuestra tarea. Afrontémosla con apertura de miras y con valentía.

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