“Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería”. (Lc 17,5)
- En nuestra sociedad muchos manifiestan abiertamente que han perdido la fe. ¿Qué razones dan para justificar esa perdida?
- ¿Las personas que han encontrado la fe y dicen practicarla, dan muestras evidentes de la belleza de ese hallazgo?
- Jesús conocía la pequeñez del grano de mostaza. ¿Presumimos de la grandeza de nuestra fe cuando Jesús trata de manifestar la “eficacia” de esta virtud?
- ¿Qué puede significar esa imagen hiperbólica de la obediencia de la morera a la voz de los que tienen fe, aunque parezca insignificante?
- ¿Con la idea del amo que decide servir a sus criados no estará Jesús explicando la fuerza de la fe que cambia nuestros habituales hábitos y criterios?
- Si tuviéramos una fe más sincera, ¿qué acciones tendríamos que llevar a cabo, por difíciles que parezcan?
- ¿Cómo puedo pedir al Señor que me conceda una fe capaz de cambiar mis rutinas, mis prejuicios y mis cansancios?







