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El ITVR inaugura el curso 26-27 renovando su compromiso con la vida consagrada

Bajo el lema «Más allá del desierto. Crear, engendrar, esperar en la Sabiduría de Dios», el Instituto Teológico de Vida Religiosa y la Escuela Regina Apostolorum abren un nuevo año académico marcado por la búsqueda de calidad intelectual

El Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) y la Escuela Regina Apostolorum (ERA) han abierto oficialmente el curso académico 2026-2027 en su sede de Madrid, en una jornada que comenzó el pasado 1 de octubre con la Misa del Espíritu Santo en memoria de santa Teresa del Niño Jesús, presidida por Adolfo Lamata Muyo, superior provincial de los Misioneros Claretianos de Santiago. En su homilía, evocando el pasaje evangélico de Juan «Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba», el provincial planteó la sed de Dios y de verdad como los auténticos motores de la formación: «Antes de ser estudiantes, somos discípulos […] y solo cuando el conocimiento nace del encuentro con Cristo se convierte en verdadera sabiduría».

En el acto académico, Antonio Sánchez Orantos —director de la Escuela Regina Apostolorum y actualmente al frente del ITVR— trazó las líneas maestras de un curso que afronta con lucidez las encrucijadas de la vida religiosa. Con la convicción explícita de que «la teología de la vida religiosa solo cumple plenamente su misión cuando está al servicio de la vida», el claretiano urgió a huir del acomodamiento: «No podemos conformarnos con repetir lo ya sabido ni con administrar inercias. La realidad nos pide rigor intelectual, profundidad teológica, sensibilidad pastoral y capacidad de diálogo con las preguntas de nuestro tiempo». Dirigiéndose al claustro, lanzó un llamamiento claro —«sigamos exigiéndonos lo mejor de nosotros mismos»—, e invitó a los alumnos a encarar las aulas «como una verdadera oportunidad para el estudio y la reflexión profunda».

Sánchez Orantos abordó con determinación los retos contemporáneos, señalando la necesidad de emplear la inteligencia artificial «con responsabilidad, transparencia y espíritu crítico» para evitar que reemplace el pensamiento personal o la búsqueda honesta de la verdad. Asimismo, apeló a «mirar nuestro tiempo con ojos teologales» —mirar con fe la acción de Dios en la historia, con esperanza para «no identificar la fragilidad con el fracaso ni la disminución con la ausencia de futuro», y con caridad sin juicios apresurados—. Enmarcado bajo el lema «Más allá del desierto. Crear, engendrar, esperar en la Sabiduría de Dios», el responsable del ITVR exhortó a atravesar las transformaciones actuales sostenidos por la promesa divina: «El desierto puede ser lugar de prueba y despojo, pero también espacio de escucha, purificación, creatividad y encuentro».

Por su parte, Adolfo Lamata Muyo, quien presidió el acto y declaró oficialmente inaugurado el curso académico, expresó el renovado compromiso de la congregación de acompañar a la vida consagrada mediante la iluminación doctrinal, el asesoramiento jurídico y la cercanía espiritual. Tras agradecer la labor del director saliente, Antonio Bellella, el provincial calificó cada inicio de curso como «gracia y responsabilidad», recordando que la formación teológica no consiste en almacenar conocimientos, sino en responder a la llamada a servir mejor a la Iglesia.

Ante las profundas mutaciones culturales impulsadas por la tecnología, Lamata defendió que la teología debe ofrecer «una reflexión sapiencial que ayude a discernir qué significa seguir siendo auténticamente humanos». Para ilustrar este desafío, evocó las palabras del papa León XIV en la encíclica Magnifica humanitas: «La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El superior claretiano remarcó que, en esta coyuntura, la misión del ITVR y de la ERA es formar hombres y mujeres consagrados «capaces de pensar con profundidad, discernir con sabiduría y servir con generosidad», recordando que la dignidad humana jamás puede someterse a criterios de mera productividad o eficiencia.

Entre tanto, la lección inaugural corrió a cargo de Teodoro Bahillo Ruiz, vicario provincial y profesor de Derecho Canónico, bajo el título «Germen y madurez: el discernimiento eclesial de las asociaciones in itinere». Partiendo de la evocadora imagen evangélica de la semilla como «una promesa, no una certeza», Bahillo trazó un recorrido histórico y canónico para recordar que ninguna forma de vida consagrada nació plenamente madura ni dotada de estructuras perfectas, citando los frágiles comienzos de san Benito, san Francisco, santa Teresa de Jesús, santo Domingo o san Antonio María Claret. El penalista subrayó que el examen de estas nuevas realidades comunitarias se sitúa en el corazón de la eclesiología y constituye una responsabilidad ineludible: «La Iglesia no crea los carismas, pero tiene el deber de reconocerlos, de corregirlos cuando es necesario y, en ocasiones, de declarar que un determinado proyecto no manifiesta los signos suficientes de autenticidad eclesial».

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