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El padre Renel Prosper: «Las bendiciones de Dios siempre deben ser contadas»

Este sacerdote de Haití ha estado al borde de la muerte en varias ocasiones y la Fundación CARF le financió un transplante de hígado

El padre Renel Prosper es un sacerdote de Haití de la diócesis de Fort-Liberté. A sus 43 años estudia Teología Moral con orientacion psicológica y vida espiritual en la Universidad de Navarra. Su historia de vida es un claro ejemplo de superación, y es que ha estado hasta en varias ocasiones al borde de la muerte. La última de ellas fue en febrero de este año, cuando sufrió un problema hepático grave que dejó a su hígado sin funcionamiento y solo tenía solución por medio de un transplante que ha financiado la Fundación CARF.

Renel Prosper ha atendido a ECCLESIA en una entrevista en la que detalla aspectos fundamentales de su vida como su vocación o la sensación de estar al borde de la muerte. Al ser cuestionado sobre por qué decidió ser sacerdote, indica que «me resulta difícil responder a esta pregunta cada vez que me preguntan. La razón por la que decidí convertirme en sacerdote puede parecer un poco extraña e incluso irrazonable. De niño decidí ser sacerdote. Siempre he visto sacerdotes que han llegado a la comunidad. Eran hombres buenos, respetuosos y respetables. Esa fue la primera motivación: ser como ellos. Pero, después de años de formación y experiencias personales, pude descubrir que estos sacerdotes que había visto llegar a la parroquia no solo son hombres respetuosos y respetables, sino que también y sobre todo son servidores, hombres que se entregan totalmente al servicio de Dios. Y eso fortaleció y replanteó un poco mi motivación».

En lo que respecta a cómo llegó su vocación, expresa que «cuando Dios llama, no llama a nadie fuera de su historia como persona humana. Escribe este llamamiento con la historia, la vida concreta de aquel a quien llama. Además, los llamados están invitados a poner su sello en la historia de su vocación. Por eso creo que mi vocación viene en gran medida de mi entorno familiar. Siempre había visto a mi padre celebrar la palabra en ausencia del sacerdote. Siempre había visto a mi papá hacer realidad lo que predicaba, sirviendo a las personas que necesitaban su ayuda. Había visto a mi padre acoger huérfanos en su casita. Creo que mi vocación de servidor también viene de mi entorno familiar. Dios me fascinó con modelos a seguir dentro de mi propia familia para prepararme para convertirme en el sacerdote que Él quería que fuera».  

Cuenta que en al menos 4 ocasiones ha estado al borde de la muerte. «No fue hasta después de la cuarta que me tomé el tiempo para contar el número de veces que había estado cerca de la muerte y Dios me había salvado la vida. Y eso no es nada bueno. Las bendiciones de Dios siempre deben ser contadas. Después de haber pasado por estas situaciones, me siento muy amado por Dios. No estoy diciendo que otros que han pasado por estas situaciones y no pudieron sobrevivir no sean amados por Dios. Esa no es la idea. Simplemente quiero decir que Dios me ha mostrado su amor de una manera extraordinaria. Y creo que Él me está hablando a través de estos eventos».

También explica cómo recibió la noticia del problema hepático, expresando que «no me molestó. Porque en realidad, aún no sabía si era un problema grave. No sabía qué tan grave era una enfermedad así. Tengo una amiga médica en los Estados Unidos, le escribí para informarle sobre esto y le pregunté si debería preocuparme con la esperanza de que me dijera que se resolverá rápidamente. Pero ella dijo: ‘esta enfermedad no debería matarte si hay un buen tratamiento médico’. En ese momento, empecé a preocuparme. Pensé para mis adentros, si ella está hablando de la posibilidad de la muerte, eso es un poco serio. E intensifiqué mi oración».

La noticia que más le impactó

La noticia que más me impactó fue cuando el 27 de febrero (2023) vino un médico de la Clínica Universidad de Navarra (CUN) a decirme que mi hígado ya no podía funcionar. Recibir la noticia de que ‘tienes un problema hepático’ y la noticia de que ‘tu hígado ya no puede funcionar’ no es lo mismo en absoluto. La única solución es someterte a una cirugía para colocar un hígado nuevo, añadió el médico. Entonces empiezo a pensar en la muerte. Mi razonamiento fue: ¿Es posible encontrar otro hígado? E incluso si se encontrara, me imagino que ni mi familia ni mi diócesis podrían pagar una operación así». 

La Fundación CARF va a ser la encargada de financiar el transplante, ante esto indica que cuando se enteró de la noticia «no sabía quién iba a pagar. Solo mis acompañantes me dicen que no me preocupe, que la operación será pagada. Solo tengo que aceptar y rezar para que todo salga bien. Y no hice ninguna pregunta. Es realmente un alivio escuchar la noticia. Y me dije a mí mismo, si Dios ha permitido que se encuentre un órgano y ha elegido a alguien para que pague la operación, seguramente no quiere que yo muera. Me permitieron hablar con una de mis hermanitas en Haití por WhatsApp. Mandaron llamar al capellán para que me ungiera con la unción de los enfermos. Luego íbamos al quirófano».

«Agradezco a todas las personas que me ayudaron»

«Agradezco sinceramente a la Fundación CARF que, en colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, financió la operación. Un gran agradecimiento también a los responsables de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas de la Universidad de Navarra que tomaron medidas con CARF para salvarme la vida. También me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecer a todas las personas que me acompañaron y ayudaron. No puedo dar nombres en esta entrevista. Eso sería demasiado largo». 

Prosper cree que «Dios le quiere decir algo. Creo que me llama a ser un testigo de esperanza para todos los que encuentro, pero especialmente para aquellos que se enfrentan a enfermedades graves».

Por último, ha querido lanzar un mensaje al pueblo de Dios, al que invita a «invito al pueblo de Dios a tomar conciencia de nuestra fragilidad como personas humanas. La enfermedad, las experiencias o eventos desafortunados pueden llamar a nuestra puerta en cualquier momento; y a veces momentos que nunca esperábamos. La enfermedad es parte de nuestra experiencia humana. A veces un sufrimiento, un fracaso, son caminos de conversión, una invitación a descubrir el sentido de la vida. Estamos en camino de superar nuestro sufrimiento mientras buscamos darle sentido como cristianos. Ante el dolor de la enfermedad, a veces sucede que tendemos a abandonar la que es nuestra última línea de defensa. Sería muy estúpido hacer eso. Cuando, al lado de la cama del hospital, ya lo hemos perdido todo, a veces incluso a los amigos más queridos, no seamos tan estúpidos como para perder también nuestra fe. Es nuestra última línea de defensa».

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