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El Papa alerta de que separar la fe de la vida diaria es «uno de los más graves errores de nuestra época»

León XIV dedica la catequesis de la audiencia general de este miércoles al capítulo de Gaudium et spes sobre la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo

El papa León XIV ha advertido este miércoles, durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, de que la separación entre la fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época», en palabras del Concilio Vaticano II. El Pontífice ha retomado así su ciclo de catequesis sobre los documentos conciliares, interrumpido la semana pasada para hacer balance de su viaje a Francia, con una quinta reflexión sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes. En esta ocasión se ha centrado en el cuarto capítulo de la primera parte, dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

Para cumplir con eficacia esa misión, ha explicado, «es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes».

Una Iglesia «injertada» en el mundo

El Papa ha comenzado recordando que, según el Concilio, la Iglesia no está «por encima de» ni «junto» al mundo, «sino que está injertada en él». Citando a san Agustín, ha descrito a la Iglesia como «un mundo ya reconciliado con Dios» y ha añadido que «somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la belleza».

León XIV ha apoyado esta idea en Magnifica humanitas, la encíclica que publicó el pasado mayo, de la que ha recogido que el entrelazamiento de la Iglesia con los pueblos «le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales».

La primera tarea de la Iglesia, según el Pontífice, es ayudar a las personas a atender a las preguntas profundas sobre el origen, el destino, el amor y el dolor. Frente a ello, ha alertado de que «la lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida» para imponer un estilo de vida centrado en el consumo, «pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto».

Ni opresión de los pobres ni estructuras injustas

El Papa ha subrayado que la Iglesia contribuye también a construir la ciudad terrenal, aunque sus métodos y su finalidad «no son principalmente de carácter político». Consisten, ha dicho, en el testimonio de la fe y la caridad, junto al compromiso por la justicia, la paz y la fraternidad. En ese sentido, ha afirmado que el creyente «no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia».

La Doctrina social de la Iglesia, ha añadido, orienta a los cristianos en su colaboración con todas las personas de buena voluntad para promover el bien común. Por eso la Iglesia «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común».

El Pontífice ha dedicado una mención particular a los fieles laicos, llamados por el Bautismo a «animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio». Los lugares principales de esta acción, que ha definido como sacerdotal, son «indudablemente la familia y la actividad laboral», aunque se extiende a todos los ámbitos de la vida.

Discernir sin diluir el mensaje

En la parte final, León XIV ha pedido a todo el Pueblo de Dios, y especialmente a pastores y teólogos, discernir lo valioso de las culturas actuales tomando como criterio la Palabra de Dios y la Tradición. Esto exige, ha señalado, un ánimo «libre de las modas culturales», capaz de mirar al mundo positivamente y «firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integralidad». Ha recuperado para ello unas palabras suyas de mayo ante el Dicasterio para la Evangelización, según las cuales «no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo».

El Papa ha concluido con una cita de san Pablo VI en Evangelii nuntiandi sobre la necesidad de la santidad, sin la cual «nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo». Por eso ha invitado a hacerse «dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad, para que el mundo pueda creer y tener esperanza».

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