En un contexto dominado por numerosos conflictos a nivel mundial, el papa Francisco ha celebrado este jueves la Eucaristía en la Conmemoración de todos los fieles difuntos en el Cementerio de Guerra de Roma, donde depositó flores blancas en algunas tumbas, ante las que hizo un momento de oración.
«Me gustaría detenerme en algo que me ocurrió en la entrada. Me fijé en la edad de estos caídos. […] Y no pude evitar pensar en las guerras de hoy. En las guerras del mundo, incluso en las más cercanas a nosotros, en Europa y más allá: ¡cuántos muertos! Se destruye la vida sin ser conscientes de ello», ha dicho Francisco en la homilía.
En este sentido, reflexionando sobre los muertos y la esperanza, el Pontífice ha pedido a Dios que «los hombres no se maten más en las guerras». «Tantos muertos inocentes, tantos soldados que dejan su vida. Las guerras son siempre una derrota, siempre. No hay victoria total, no», ha agregado.
En su opinión, uno puede vencer en la contienda, pero siempre estará «la derrota del precio pagado». «Roguemos al Señor por nuestros muertos, por todos: que el Señor los reciba a todos. Y recemos también para que el Señor se apiade de nosotros y nos dé esperanza: la esperanza de seguir adelante y de estar todos con Él cuando nos llame», ha recalcado.
Esperanza, «virtud teologal de la cocina»
Antes de esta referencia a la guerra, el Papa ha recordado que lo que la Iglesia celebra este jueves —el recuerdo de los fieles difuntos— es el misterio de la gran misericordia de Dios y la esperanza: «La de hoy es una memoria para mirar hacia adelante, para mirar nuestro camino, nuestra senda. Caminamos hacia el encuentro, con el Señor y con todos. Y hemos de pedir al Señor esta gracia de la esperanza: la esperanza que nunca defrauda; la esperanza, que es la virtud cotidiana que nos lleva adelante».
Para el Pontífice, la esperanza es «la virtud teologal de la cocina», porque está a mano y siempre acude en nuestra ayuda: «La esperanza que no defrauda: vivimos en esta tensión entre memoria y esperanza».







