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El Papa en Pompeya: «Sobre las ruinas de nuestra humanidad ha llegado la caricia de Dios»

En el primer aniversario de su pontificado, León XIV ha reivindicado el rosario como un «acto de amor» frente a la cultura de la guerra y ha encomendado su papado a la Virgen del Rosario de Pompeya en su santuario.

Un año después de ser elegido como el sucesor de Pedro, León XIV se ha trasladado a Pompeya, donde ha presidido esta mañana la Eucaristía. «Debía venir aquí a poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa», ha confesado con emoción ante los miles de fieles congregados.

En su homilía, el Santo Padre ha recordado que su nombre pontificio sigue la estela de León XIII, el gran impulsor del magisterio sobre el Rosario, y ha destacado la figura de San Bartolo Longo. El llamado «apóstol del Rosario» fue el constructor de la ciudad mariana sobre las cenizas de la antigua Pompeya. Para el Papa, ese entorno es el símbolo perfecto de cómo la fe es capaz de reconstruir lo que el pecado y la tragedia han destruido en el pasado.

El Rosario como escuela de contemplación

León XIV ha dedicado, además, una parte central de su predicación a desgranar la esencia teológica de la oración del Ave María. Lejos de ser una repetición vacía, la ha definido como una «invitación a la alegría» que nace del misterio de la Encarnación. «Sobre las ruinas de nuestra humanidad, probada por el pecado y siempre inclinada a las guerras y a la opresión, ha llegado la caricia de Dios», ha subrayado. Ha recordado también que es en Jesús donde la misericordia divina ha tomado rostro humano.

El Papa ha insistido en que el Rosario es, aunque pueda parecer lo contrario, una oración profundamente cristocéntrica. Al repetir el saludo del ángel a María, el creyente no hace otra cosa que «mirar a Jesús con los ojos y el corazón de su Madre». De esta forma, para León XIV esta práctica supone el «compendio del Evangelio» y funciona como un «Rosario viviente» que conduce inevitablemente a la Eucaristía, fuente y meta de la vida cristiana. Ha recordado, por otra parte, cómo los primeros apóstoles, junto a María, tuvieron que recordar cada detalle de la vida de Jesús, sentando las bases del camino contemplativo que aún hoy sigue la Iglesia.

Una respuesta a la «economía de las armas»

Sin embargo, para el Papa, la oración no puede estar desconectada en ningún momento de la realidad social que nos rodea. Ha vinculado la devoción mariana con la caridad más concreta, poniendo como ejemplo las obras de asistencia del Santuario que acogen a huérfanos e hijos de encarcelados. Según ha expresado, el Rosario debe «empujar la mirada hacia las necesidades del mundo», especialmente en dos ámbitos centrales: la familia y la paz mundial.

En este sentido, León XIV ha lanzado una dura crítica al contexto internacional actual. Ha lamentado que las tensiones globales se alimenten por una economía que «prefiere el comercio de las armas al respeto de la vida humana». Para el Pontífice, la situación no ha mejorado en el último cuarto de siglo y las guerras actuales exigen un compromiso que vaya más allá de lo económico o político. Requieren, ha subrayado, un compromiso religioso y espiritual.

«La paz nace dentro del corazón», ha expresado, y ha elevado una oración para que la misericordia de Dios toque los corazones de quienes tienen responsabilidades de gobierno. Al finalizar, ha querido recordar que «ninguna potencia terrenal salvará al mundo», sino solo la «potencia divina del amor» revelada en Cristo, instando a los fieles a no resignarse ante las imágenes de muerte que inundan las noticias diarias.

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