El Santo Padre ha reanudado sus visitas a las parroquias de su diócesis para reunirse con el clero
El Papa Francisco ha reanudado su serie de visitas a las parroquias de la periferia de Roma para reunirse con los sacerdotes, una iniciativa iniciada en septiembre de 2023 para continuar la gira en su diócesis (interrumpida por la pandemia) y, en cierto modo, también los famosos «Viernes de la Misericordia» durante el Jubileo de la Misericordia, que vieron al Pontífice visitar lugares «en los márgenes» de la capital. Este viernes se dirigió a la iglesia situada en el noreste de la capital, justo al lado del Raccordo Anulare, sobre la Via Tiburtina, dedicada al santo que Benedicto VIII consagró emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1014.
Un barrio acogedor marcado por las dificultades
La parroquia, construida entre 1997 y 1998 en un estilo moderno con estructura de madera, rodeada de parques y patios de recreo y también de algunos restos de la Edad Media, está situada en la 11ª Prefectura de la Diócesis, en el sector norte. Un barrio pequeño y acogedor, con escaso tráfico y donde el ruido de los medios de transporte no parece ser invasivo, en el que, sin embargo, los habitantes sufren una sensación general de dejadez y abandono, como ha ocurrido durante tanto tiempo, por ejemplo, con la falta de escuelas construidas sólo en los últimos años.
Conversación con los sacerdotes
Recibieron al Papa a su llegada, en el habitual coche utilitario, tras un viaje de unos 40 minutos, el obispo auxiliar Daniele Salera y el párroco Massimiliano Memma. Con los 35 sacerdotes de la Prefectura, Francisco se entretuvo conversando. Un diálogo, que comenzó con una oración e invocación al Espíritu, a puerta cerrada, con el Papa sentado en un escritorio del salón parroquial, dispuesto a responder a preguntas sobre diversos temas, principalmente pastorales.
Entre los presentes se encontraban también algunos capellanes de Rebibbia que ya se habían reunido con el Papa durante su visita a la cárcel de mujeres para la misa de la Coena Domini del Jueves Santo. Su presencia dio la oportunidad de abordar el tema de las dificultades que se viven en las cárceles, empezando por la emergencia del suicidio, así como el del acompañamiento de los presos y reclusos. Algunos de los capellanes, explicó el párroco padre Massimiliano a los micrófonos de Tv2000, contaron al Papa cómo el trabajo y el estudio son muchas veces «oportunidades para cualificar su camino y relanzarlos a una nueva vida».
Todos los sacerdotes y diáconos estaban «muy contentos con esta reunión, con la escucha y con las respuestas que el Papa les ofreció», subrayó el párroco, enumerando entre los otros temas en el centro de la conversación la preparación de los jóvenes y la «misericordia» dirigida a las categorías de personas que se sienten alejadas de la Iglesia, incluidos los sacerdotes que han abandonado el ministerio. Después, hablaron sobre la preparación al Jubileo. Francisco dijo estar «contento de cómo la diócesis de Roma está viviendo el Sínodo y el camino hacia el Año Santo».
El Papa, conmovido por la experiencia de los sacerdotes
Bergoglio parecía conmovido por el ambiente de serenidad que se vivía en la parroquia, así como por el testimonio de los presbíteros que viven su ministerio «contentos», «con sencillez», en medio de grandes focos de pobreza, que exigen también una gran «paciencia». Así lo confirmó él mismo a un grupo de periodistas a las puertas de la parroquia a los que, tras la habitual broma sobre su salud, confió que era «bonito» ver la experiencia de estos párrocos «que trabajan tanto», siempre «en primera línea. Ha ido muy bien, hemos hablado de todo», dijo el Pontífice.







