En el Ángelus, León XIV presenta al santo de Asís como el obrero que reparó la Iglesia «sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno»
El papa León XIV dedicó el Ángelus de este domingo, 4 de octubre, a san Francisco de Asís, en el día en que se cumplían ochocientos años de su muerte. Desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Pontífice presentó al Poverello como ejemplo de alguien que trabajó «con gran fruto en la viña del Señor». Al terminar la oración mariana anunció además un encuentro en el Vaticano con los jerarcas de las Iglesias orientales católicas y los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo, con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia.
La piedra desechada
El Papa partió de la parábola de los viñadores homicidas, que se proclamó este domingo (Mt 21,33-43). Jesús, el Hijo enviado al mundo, «es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos», explicó. «El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte».
Ese rechazo, sin embargo, no tuvo la última palabra. Según León XIV, «no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate». El Pontífice recordó el versículo del salmo que cita el propio Jesús, «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y explicó que «precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo». «Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!», exclamó.
Francisco, el obrero que reparó la Iglesia
La viña de la parábola, señaló el Papa, «es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones». Por eso quiso recordar a san Francisco, «a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia». El santo de Asís, dijo, «edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas». León XIV lo describió como un «hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos», que «reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno».
Ocho siglos después, subrayó, su carisma «aún hoy da fruto». Así lo muestran la «gran y dinámica familia franciscana» y los «numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios». En el marco del Año Jubilar Franciscano, el Papa pidió rezar «con perseverancia» por la paz y comprometerse «a construir la concordia entre los pueblos». También se unió espiritualmente a los fieles reunidos en el santuario de Pompeya para la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.
Diez años de «Amoris laetitia»
Tras el Ángelus, León XIV anunció que en los próximos días se celebrará en el Vaticano un encuentro con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia, al que convocó a los jerarcas de las Iglesias orientales católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales. Será, explicó, «un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes». El Papa pidió oraciones por esta tarea, «principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad».






