Celebramos este domingo la culminación del año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo Rey del universo. En el evangelio que proclamamos hoy en las celebraciones escuchamos el diálogo entre Jesús y Pilato en el contexto de la Pasión. Jesús se presenta como Señor y Rey de la creación con la misión de reconciliar todas las cosas en Él. Su reino se caracteriza por la verdad, la vida, la justicia, el amor y la paz. Es esto, de hecho, lo que pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro en una de sus peticiones: «venga a nosotros tu Reino». Es esto lo que nuestros corazones desean y necesitan.
Y en este contexto nuestra mirada se dirige estos últimos días a nuestros hermanos del levante español. Valencia, Albacete, Cuenca, Málaga, son nombres que últimamente asociamos al dolor y al sufrimiento, a la pérdida de vidas humanas y al hundimiento de proyectos, de ilusiones y de perspectivas para un buen número de personas cercanas a nosotros. La DANA ha sacudido fuertemente sus vidas y nuestras conciencias.
Pero, a su vez, riadas de solidaridad se han hecho presentes desde el primer momento para hacer frente a las riadas materiales. De todas partes ha surgido como espontáneamente una corriente de solidaridad que se ha materializado en recursos humanos y recursos materiales. De todo nuestro país, y desde otros países, son innumerables los voluntarios que se han desplazado a los lugares de la tragedia para ayudar a desescombrar, volver a abrir calles y salvar lo que se podía salvar. Junto a esto, la recogida de alimentos ha sido constante a través de instituciones públicas y privadas, así como también los donativos que se siguen haciendo llegar.
La Iglesia ha estado y está presente aquí también, como no puede ser de otra forma. Desde nuestra diócesis, a través de parroquias, de Cáritas diocesana, de congregaciones religiosas, y de muchas personas voluntarias, presbíteros, religiosos y laicos, en algunos casos en coordinación con los ayuntamientos y otras instituciones, ha habido una movilización de grandes dimensiones. Como obispo, os agradezco a todos el esfuerzo que se está haciendo y que estoy seguro se seguirá haciendo.
Entre todas las imágenes que se han hecho virales estos días, me viene a la memoria la imagen de un Santo Cristo de Paiporta en medio del barro, todo manchado y medio destrozado, con el rostro dolorido. Es el Cristo que hoy celebramos en la Iglesia, el Rey del universo, el que muestra expresivamente este sufrimiento y la solidaridad con quienes lo han perdido todo y quienes lo están dando todo. Es contemplando el rostro de ese Cristo que los cristianos afirmamos que su amor nos empuja a darnos a los demás, a trabajar por los demás, a ser signos de esperanza con nuestra cercanía, a ayudar en todo lo que sea necesario, a aportar lo que tenemos y lo que podamos. Especialmente este domingo con nuestra aportación a las colectas que se hacen en todas las parroquias y comunidades de todas partes, tal y como se ha propuesto desde la Conferencia Episcopal y que todos los obispos hemos suscrito.
Quisiera terminar estas palabras con una oración, la oración al Cristo de Paiporta. Un texto que he encontrado en las redes sociales y que nos invita a orar en medio del dolor con una solidaridad y esperanza lo suficientemente fuertes como para seguir dando lo mejor de nosotros, ya que es el amor de Cristo el que nos mueve y nos empuja:
CRISTO YACENTE DE PAIPORTA
Te sumerges en nosotros
en las aguas levantinas,
compartiendo la muerte
y manchándote de barro.
Cuando resurges del río,
el Jordán se ha transformado,
toda la creación se asombra
tu Reino ya está llegando.
Caminas junto a nosotros,
estás siempre a nuestro lado,
eres el rostro de Dios.
Jesús, amigo, hermano.







