de los sacerdotes de Madrid
Convivium remarca la necesidad de un mayor cuidado de los ministros ordenados, así como de rebajar la carga burocrática para centrarse en lo pastoral. ECCLESIA hace balance con tres de los más de 1.200 participantes
Los primeros días de febrero, la Fundación Pablo VI acogió un acontecimiento excepcional. Más de 1.200 sacerdotes de la archidiócesis de Madrid se reunieron durante dos días para reflexionar sobre su identidad y misión. Como dijo el cardenal José Cobo, quien los convocó, «para estar, para compartir mesa, para reírse, para bajar la guardia…». Lo que sucedió los días 9 y 10 de febrero fue un punto importante en el camino, enriquecido, además de con un mensaje del Papa, con las intervenciones del propio Cobo, del obispo de Ajaccio, el cardenal Francisco Javier Bustillo, y del subsecretario del Sínodo, el obispo Luis Marín. Una etapa, porque, antes, los sacerdotes tuvieron sesiones preparatorias en las parroquias y entre ellos por edades.
Todo el proceso fue una ocasión para ver la gran diversidad de los sacerdotes: de acentos, estilos, carismas, vidas, experiencias… Todos con un mismo objetivo: anunciar el Evangelio, la alegría de tener a Jesucristo en la vida. Pero fue también una oportunidad para que los sacerdotes mostraran sus inquietudes y preocupaciones, porque las tienen. Y las señalaron alto y claro. Por ejemplo, entre las conclusiones destacaron la importancia del cuidado integral y del acompañamiento personal, de no dejar a nadie atrás o aislado. De normalizar la vulnerabilidad y, por tanto, la necesidad de pedir ayuda cuando sea necesario. También se manifestó un deseo de menos burocracia y de más colaboración en algunas tareas, de modo que puedan centrarse en lo pastoral. Ser menos gestores y más profetas, como dijo el cardenal Bustillo.
En este sentido, León XIV subrayó en la hermosa carta que envió a la asamblea —se puede leer completa en la sección de Documentación de esta revista— que la eficacia del ministerio sacerdotal no reside en el activismo, sino en los sacramentos. «Vosotros no sois la fuente, sino el cauce», les dijo. Y recalcó, en el complejo ambiente actual, que «no es momento de repliegue ni de resignación, sino de presencia fiel y de disponibilidad generosa».
«¿Sabes que es lo que más me ayudó del encuentro?». Quien hace esta pregunta es Javier Martín Langa, vicario parroquial de San Antonio de las Cárcavas, en Valdebebas. La respuesta: «No eché en falta a nadie. Estábamos todos, todos, todos», afirma el sacerdote a ECCLESIA en un encuentro dos semanas después de Convivium, en el que también participaron Gabriel María García, párroco de San Ignacio de Loyola, en Torrelodones, y Adrián León Soltero, ordenado sacerdote en 2025, vicario de la parroquia de la Santísima Trinidad, en el barrio de La Concepción de la capital.
Para Gabriel María, una de las claves de Convivium es que no se limitó a un evento de dos días, sino que se viene trabajando en ello desde hace un año, con reuniones en las parroquias, «donde hemos recogido el feedback directo del Pueblo de Dios», y en las reuniones previas de curas por edades. El encuentro es uno de los frutos para esta sacerdote, que ya ha cumplido los 25 años de ministerio. «Nos ha señalado la necesidad de encontrarnos y recordado la categoría de encuentro que tiene el cristianismo».
«A mí me ayudó eso que dijo el cardenal Cobo de que no somos francotiradores del Evangelio. Los sacerdotes estamos dentro de en un presbiterio que es bueno y grande, y esto apenas lo vemos», dice Javier Martín Langa. Para no ser francotiradores, continúa, se hace más necesario el trabajo en comunión.
¿Qué tipo de presbítero?
A la pregunta de qué sacerdotes necesita Madrid para este momento de la historia, responde primero el más joven y sin dudas: «Hombres de profunda oración». Dice que es el alimento de cada día. Oración de encuentro con el Señor, pero también oración de intercesión por la gente —tiene una nota en el teléfono con intenciones concretas—. Esta oración «es muy sacerdotal». Y luego, con una sonrisa, añade la última condición: «Ser normales». «Los sacerdotes no somos extraterrestres, somos gente que llega cansada a casa por la noche, que tiene mucho que hacer, que se sabe divertir. Creo que esto la gente lo valora mucho. La Iglesia en salida de la que hablaba Francisco se muestra en la normalidad de los sacerdotes», subraya.
Javier Martín Langa también entra al trapo de la pregunta y da la receta. Coincide con la oración y la normalidad. Pero añade un ingrediente más: no ser fotocopias. Gabriel explica que los sacerdotes necesitan ser hombres, es decir, vivir la humanidad propia, con las luces y las sombras, pues es la humanidad lo que más nos acerca a Dios. De esta manera, «los sacerdotes podrán ser signos de Dios».
Mirada al futuro
¿Y ahora qué? Javier lo deja en manos del arzobispo. «Lo que él nos quiera regalar, bienvenido será», dice, aunque añade que no estaría mal hacer una renovación a todos los niveles de la propuesta evangelizadora. «Un ministerio de evangelización no vendría mal a la diócesis», agrega.
Gabriel María cree que todavía hay muchas cosas que se dejan a la improvisación y apuesta por un proyecto común para salir más reforzados como familia y presbiterio. Y hacer las cosas conjuntamente, porque nos damos cuenta de que, al final, la unidad evangeliza… «Necesitamos trabajar juntos y evangelizar juntos», concluye.
Adrián cree que es el momento de seguir escuchando al Espíritu Santo, hacer silencio y dejarle hablar a él. El joven sacerdote tiene ya alguna intuición, pues ve al Espíritu en la unidad y en la única misión, reflejada muy gráficamente en la oración a una sola voz en el auditorio de la Fundación Pablo VI durante los días centrales del encuentro.
El camino en la archidiócesis continúa, pues, como dijo el cardenal Cobo ante los medios de comunicación, Convivium es el preludio de «una gran asamblea diocesana que convocaremos en 2027».






