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El viaje de León XIV a España tuvo un impacto económico en nuestro país de 139,5 millones de euros

Aunque el gran legado son los frutos espirituales, la visita del Papa dejó una significativa huella en los mercados, con más de 3.080 empleos generados a tiempo completo

La sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid ha presentado hoy la rendición de cuentas del viaje apostólico que el papa León XIV realizó del pasado 6 al 12 de junio por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. El veredicto que arrojan los números es rotundo: un presupuesto liquidado en absoluto equilibrio financiero, con un impacto macroeconómico de 139,5 millones de euros, un gasto directo de 29,32 millones de euros y cero endeudamiento.

Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal y coordinador general adjunto del viaje, ha comenzado explicando el motivo del intervalo de cuatro meses entre el evento y la presentación de los balances: «Hemos querido esperar a tener la revisión exhaustiva de todos los gastos a cargo de —la auditora— EY para poder presentar las cuentas y para poder presentar el estudio de impacto socioeconómico». Según las cifras oficiales, la visita requirió cinco meses de intensa preparación operativa para articular 21 actos a lo largo de más de 2.500 kilómetros y convocar a 2,31 millones de asistentes únicos.

Así las cosas, el libro mayor de la visita refleja una clara corresponsabilidad territorial: mientras que la archidiócesis de Madrid asumió el 55,6 % del presupuesto ejecutor —16,31 millones de euros—, el arzobispado de Barcelona destinó el 15,7 % y 4,61 millones, seguidas de la propia Conferencia Episcopal —10,8 % y 3,16 millones—, el obispado de Tenerife —9 % y 2,63 millones— y el obispado de Canarias —8,9 % y 2,6 millones—.

Por su parte, el modelo de ingresos pone de manifiesto la capacidad de atracción del evento sobre el sector privado. Un 44,7 % de la financiación —13,1 millones de euros— provino de patrocinadores corporativos y fundaciones civiles de sectores tan diversos como la banca, la construcción, la energía o las telecomunicaciones. Las instituciones de la propia Iglesia aportaron el 31 % —9,1 millones—, mientras que las colectas de los fieles supusieron el 4,3 % —1,26 millones—. Como reconoció Giménez Barriocanal, «la principal fuente de financiación, como ya teníamos previsto, fueron las aportaciones de las empresas y de la sociedad civil». Por su parte, las Administraciones Públicas sumaron 5,86 millones de euros en transferencias dinerarias directas —2,8 millones por parte de la Generalitat de Cataluña y 3 millones del Gobierno y Cabildos canarios—, mientras que en la capital no se recibieron subvenciones directas y la financiación privada alcanzó el 59 %.

Para velar por la transparencia, la organización aplicó una estricta gobernanza en la contratación. José María Albalad, delegado de Economía del arzobispado de Madrid, ha remarcado que durante el proceso «se han aunado los principios de la doctrina social de la Iglesia con los estándares profesionales exigibles, tanto desde el punto de vista de la eficacia y de la eficiencia, apostando de manera decidida por la austeridad, el bien común y la transparencia». En la capital, ha agregado, se habilitó una cuenta bancaria única con más de 3.000 movimientos registrados y se tramitaron 31 procesos de licitación pública para contrataciones superiores a 75.000 euros. Albalad ha resumido la respuesta de los fieles recordando que «ha sido posible gracias a una ola de fe y de generosidad que perdurará siempre», subrayando, además, que «no hay aportación pequeña».

Más allá de la estricta liquidación presupuestaria, el estudio elaborado por la consultora EY mediante el modelo Input-Output de Leontief —valedor del premio Nobel de Economía— revela que el impacto sobre la economía real superó con creces la inversión organizativa. La suma del gasto operativo de las sedes y el desembolso de los visitantes —estimado en 97,75 millones de euros— generó un impacto total en el Valor Añadido Bruto de 139,48 millones de euros. La auditoría ha desagregado esta inyección económica en tres niveles: impacto directo, con 56,32 millones de euros generados en los proveedores inmediatos y el comercio local; impacto indirecto, con 50,32 millones de euros transmitidos a lo largo de las cadenas de suministro; e impacto inducido, con 32,84 millones de euros derivados del consumo de los hogares alimentado por las rentas salariales del evento.

Chus Escobar, socia de EY España, ha confirmado durante la presentación que «hemos verificado, hemos revisado toda la información económica de la organización, el gasto y los procedimientos asociados a su gestión sin encontrar ninguna incidencia». Y ha añadido que «el efecto multiplicador ha sido efectivamente de casi 2,5 euros de valor añadido bruto total en la economía española» —concretamente 2,48 euros por cada euro de VAB directo—. Ante las preguntas sobre el modelo del cálculo, ha concluido: «Nos sentimos muy cómodos con la cifra de 140 millones de euros, porque es lo que arroja esta metodología».

En el mercado laboral, la visita activó 3.080 empleos equivalentes a tiempo completo  —1.743 directos, 898 indirectos y 439 inducidos— con una masa salarial asociada de 56,29 millones de euros y un multiplicador de empleo de 1,77. Sectores como la hostelería, el transporte, el comercio minorista y la producción de eventos registraron picos significativos de demanda, impulsando la ocupación hotelera por encima del 80 % en Madrid y rozando el 90 % en Barcelona.

Junto al flujo financiero monetario, el informe destaca el peso del voluntariado como pilar operativo del viaje. Un total de 18.225 personas aportaron 479.867 horas de dedicación desinteresada, el equivalente a 276 empleos a tiempo completo con carácter anual. Albalad ha puesto de relieve el valor intrínseco de este recurso al interrogarse: «¿Qué sería de estas cuentas si tuviéramos que cuantificar económicamente, por ejemplo, estas más de 400.000 horas de servicios?».

Giménez Barriocanal ha concluido a preguntas de los medios que el evento no ha supuesto desviaciones presupuestarias no previstas, recordando que «la visita del Papa no genera déficit porque no hay partidas que estén fuera de los presupuestos». Asimismo, ha incidido en el retorno impositivo indirecto para las arcas públicas, pues «toda la aportación a PIB supone en última instancia un efecto impositivo y ese efecto impositivo repercute en las arcas del Estado».

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