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Francisco Conesa: «El sacerdote tiene la misión de tejer lazos entre vocaciones»

La Conferencia Episcopal convoca un Encuentro Nacional de Sacerdotes con el objetivo de ayudar a comprender este ministerio en una Iglesia más sinodal. Hablamos con el obispo de Solsona, responsable del Equipo Sinodal de la CEE y miembro del Sínodo

La Conferencia Episcopal Española ha convocado para el 30 de noviembre en Madrid un Encuentro Nacional de Sacerdotes con el título «Presbíteros: servidores de la comunión». Será un momento de oración, formación y diálogo. La jornada, enmarcada por la ponencia del cardenal arzobispo de Turín, Roberto Repole, incluirá una mesa de experiencias, así como el trabajo en grupos según la metodología de la conversación en el Espíritu. Hablamos de ello con Francisco Conesa, responsable del Equipo Sinodal de la CEE, que organiza el encuentro junto con la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios.

—¿En qué consiste el Encuentro Nacional de Sacerdotes?
—Es un evento promovido por la CEE, que en sus líneas de acción habla de convocar un encuentro nacional de párrocos o arciprestes centrado en el estilo apostólico y sinodal de los sacerdotes al servicio de la comunión y de la misión de la Iglesia. Pretende ayudar a comprender el ministerio del sacerdote en una Iglesia más sinodal. La sinodalidad es un estilo, una manera de actuar, el modo de vivir y de obrar de una Iglesia que se entiende como comunión.

—¿Quién está convocado?
—Las limitaciones logísticas impiden que convoquemos a todos los párrocos de España. Por eso, hemos dirigido el encuentro preferentemente a los arciprestes y vicarios episcopales, que son los que coordinan a otros sacerdotes. Están también invitados los diáconos permanentes con cargo pastoral.

—¿Por qué han elegido como título «Presbíteros: servidores de la comunión»?
—El Concilio explicó que la comunión es la clave para entender el misterio de la Iglesia: la Iglesia es un misterio de comunión con Dios, que genera la comunión entre sus miembros. La misión principal del presbítero se puede entender como servicio a la comunión de los fieles con Dios y la comunión entre los miembros de la Iglesia. En uno de los documentos del Sínodo se hablaba de «tejer lazos, crear comunidad». El sacerdote tiene la misión de tejer lazos entre los diversos ministerios, vocaciones y carismas que enriquecen la Iglesia. Y, al mismo tiempo, facilitar que el Espíritu Santo transforme la parroquia en una auténtica comunidad evangelizadora.

—¿Por qué se organiza este encuentro ahora?
—Consideramos muy importante que los sacerdotes se impliquen en la aplicación del Sínodo. Constatamos que muchos laicos de nuestras parroquias acogieron con ilusión el proceso sinodal, en el cual se han sentido escuchados y han visto reconocida su misión de anunciar el Evangelio en sus ambientes. Pero hace falta que también los sacerdotes se ilusionen y comprometan a vivir el don del sacerdocio con un estilo sinodal.

—¿Cuál es el principal reto? 
—Pienso que algunas personas han entendido equivocadamente que afirmar la sinodalidad supone rebajar la dignidad del ministerio del presbítero y la consiguiente pérdida de autoridad. En realidad, el ejercicio de la sinodalidad no supone negar la autoridad del ministro ordenado, sino que pretende resituarla en el contexto más amplio de una Iglesia en la que reconocemos que los laicos, en virtud de su bautismo, son también responsables de la vida y de la misión de la Iglesia. El Concilio ya habló de la importancia de que el sacerdote trabaje con los seglares, reconozca y promueva su dignidad, los escuche, descubra sus múltiples carismas y les encomiende trabajos al servicio de la Iglesia. Es un campo en el que queda mucho por hacer. El Sínodo pretende que demos pasos decididos en esta dirección.

—Hablamos de corresponsabilidad… ¿Por qué convocar a los sacerdotes?
—La idea de corresponsabilidad se ha ido desarrollando en la teología y en el magisterio de la Iglesia desde el Vaticano II. En el Sínodo se ha incidido especialmente en que la corresponsabilidad de todos en la vida y misión de la Iglesia tiene un carácter diferenciado, pues en la Iglesia existen diversas vocaciones y ministerios. Es importante que los sacerdotes comprendan lo que significa funcionar de manera corresponsable en la vida de una comunidad, aprendiendo praxis que ayudan a ello, como el discernimiento comunitario, la participación de los laicos en la toma de decisiones, la rendición de cuentas y la potenciación de los organismos de participación, a los que hay que escuchar sin miedo. Sin olvidar que la sinodalidad es para la misión y que estas praxis tienen como objetivo que todos nos comprometamos —cada uno desde su vocación— en el anuncio del Evangelio.

—¿Se propone, entonces, una nueva forma de ejercer la autoridad ministerial?
—En un escrito reciente —Una fidelidad que genera futuro—, León XIV subrayaba que en el ámbito de la sinodalidad «el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas». Y añadía que «es necesario que el ministerio del presbítero supere el modelo de un liderazgo exclusivo, que determina la centralización de la vida pastoral y la carga de todas las responsabilidades confiadas solo a él, tendiendo hacia una conducción cada vez más colegiada». En el Documento final del Sínodo se invita a los sacerdotes a discernir qué es lo propio del ministerio ordenado y qué es lo que puede delegarse a otros. Esto, dice, favorecerá un ejercicio del ministerio espiritualmente más sano y pastoralmente más dinámico.

—¿Qué considera determinante para crecer en la comunión?
—La comunión es un don del Espíritu Santo; no es tanto fruto de nuestros esfuerzos y de nuestras praxis cuanto una gracia que acogemos. Por eso mismo, para que crezca la comunión, es esencial cuidar mucho la celebración de la Eucaristía, sobre todo la dominical. 

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