El paso del papa León XIV por nuestra diócesis de Sant Feliu de Llobregat quedará grabado para siempre en nuestro corazón. Esta histórica visita pastoral ha sido una parábola de comunión y misión que nos deja huellas imborrables de llamada a las fuentes de la fe, el encuentro con Cristo y la reconciliación.
El momento vivido en el centro penitenciario de Brians fue de una profundidad espiritual inmensa y de una humanidad entrañable. El Santo Padre se acercó a los y las internas para encender una luz de futuro: «¡Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor! ¡El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, ya que ser cristiano consiste en crecer en la capacidad de convertirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar!» Nos recordó que su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho.
Posteriormente, la visita a la Abadía de Montserrat elevó nuestros corazones. Ante la Moreneta, el Papa hizo un llamamiento universal a la paz, pidiéndonos renunciar a las palabras hirientes, a la murmuración y a las calumnias para que el odio dé paso a la esperanza. Otro momento emotivo se vivió desde el balcón del monasterio, donde improvisó unas palabras vibrantes de agradecimiento hacia nuestra gente y nuestra tierra: «Gracias por estar aquí. Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una sola familia, con esta acogida de nuestra Madre María, la Virgen de Montserrat. (…) Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia. Gracias a cada uno ya todos vosotros por recordar a todo el mundo —en Cataluña, en España, en el mundo— que la fe da vida, y la fe da esperanza. Y es María, a quien Jesús nos dio como Madre desde la cruz, la expresión de amor maternal que nos acompañará siempre».
Este viaje apostólico nos invita a vivir desde la caridad, la primacía del amor de Dios. Os animo a hacer nuestras éstas y el resto de enseñanzas de León XIV para transformarnos nosotros y nuestras comunidades a la luz de la belleza de la fe en Jesucristo que nos hermana a todos.
Cómo nos sueña el Señor? ¿Cómo sueña nuestras comunidades?
¡Alcemos la mirada!





