Ésta es la gran noticia, la gran novedad. Estamos acostumbrados al sufrimiento, a la muerte, los conocemos de cerca y es lo que Cristo vino a compartir con nosotros. Pero lo que Cristo nos ha traído a través de su muerte y resurrección va mucho más allá de lo que podemos experimentar aquí y ahora: el sentido de su misión era abrirnos las puertas a la vida eterna.
Hemos vivido intensamente en estos últimos días el centro del misterio de la redención, el centro de nuestra fe. Cristo vino por eso, para compartir nuestra humanidad y abrirnos la puerta para participar en su filiación divina. Lo vivimos año tras año, de hecho cada domingo rememoramos y celebramos la resurrección del Señor; quizás lo vivimos de manera rutinaria, porque ya sabemos cómo termina la historia de Jesús de Nazaret y recordarlo no nos sorprende.
Pero no es sólo su historia la que termina así, no se trata de hablar de un hecho pasado por más memorable que sea. La resurrección del Señor está siempre presente, es una puerta que se abre a nuestros ojos y que Dios no cierra nunca.
La piedra del sepulcro que, cuando hubo un gran terremoto, un ángel del Señor bajado del cielo la hizo rodar y se sentó encima, mientras resplandecía como un rayo, y con un traje que era blanco como la nieve; no es sólo la piedra que cerraba la sepultura de aquel hombre justo, injustamente crucificado y enterrado a toda prisa; es también la puerta que, puesta con la misión de encerrarnos en las sombras de la muerte, una vez rodada y apartada nos abre paso a la vida verdadera y plena. Cristo ya no está en el sepulcro, Cristo vive y nos invita a vivir con Él.
Cada noche de Pascua, durante la celebración del velatorio pascual, renovamos nuestras promesas del bautismo. Simbolizamos así que Jesucristo, aquél que nació de María virgen, que sufrió y fue sepultado, resucitó verdaderamente de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre; por Él creemos en la resurrección y en la vida perdurable.
Nuestra fe en el resucitado se fundamenta en la Escritura y en la experiencia del resucitado que ha ido haciendo la Iglesia. Por la Escritura y por la tradición sabemos que el Señor ha resucitado verdaderamente y que la obra de la redención se ha completado; por la fe estamos ciertos y lo creemos.
Ésta es la gran novedad que Cristo nos ha traído para compartir con todos. La resurrección es el centro del Evangelio, el centro de nuestra fe.
«¡Oh noche bienaventurada!
Sólo tú supiste la hora
En que Cristo resucitó de entre los muertos.
Ésta es la noche de la que dice la Escritura:
La noche es tan clara como el día.,
Luz u oscura le son igual.»
(Pregón pascual)





