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Iceta, sobre las diez exmonjas de Belorado: «Llegará el momento en que un juez tendrá que decirles que abandonen el monasterio»

En entrevista con ECCLESIA, el comisario pontificio confiesa que esta situación va a tener una resolución «realmente poco deseable»

Dentro de diez días se cumplen dos meses desde que diez clarisas, moradoras del monasterio de Belorado (Burgos), decidieron separarse de la Iglesia.  Con la firma de un Manifiesto Católico y adhiriéndose a un falso obispo —ahora mismo, fuera de juego—, rechazaban el camino de la Iglesia católica desde Pío XII. Por medio, la compra y venta de dos monasterios.

Desde aquel 13 de mayo, la Iglesia ha intentado acercarse la ya exabadesa y a las nueve exmonjas sin éxito. La Santa Sede nombró un comisario pontificio, el arzobispo de Burgos, Mario Iceta, que es el representante legal del monasterio ahora mismo. Este, a su vez, creó una Comisión Gestora. Pero no ha habido manera de hacerlas recapacitar. Mientras, en el interior de Belorado sigue habiendo una comunidad monástica católica, la formada por las monjas mayores, cinco, a las que habría que sumar otras tres monjas que están fuera del cenobio.

En todo este tiempo, las puertas de la Iglesia se han mantenido abiertas y la mano tendida, pero las diez han ratificado su postura. Hasta tal punto de que se tuvo que certificar su excomunión hace unas semanas. Ya no están en la Iglesia católica, no son monjas y, por tanto, no pueden estar en el monasterio.

Para arrojar luz a esta situación, hemos hablado con el comisario pontificio, Mario Iceta. Ofrecemos aquí un avance de la entrevista, que será publicada de forma íntegra el próximo número de ECCLESIA.

Se van a cumplir dos meses de esta triste historia. ¿Pensó que se prolongaría durante tanto tiempo?
Cuando todo esto se precipita, no tenía claro cuál iba a ser el camino. Es algo absolutamente novedoso para mí. Tenía la esperanza de que fuera una situación reversible. De hecho, cuando intento contactar con ellas es para dialogar, para establecer algún puente y que este camino se pueda detener o dar marcha atrás. Con el tiempo, viendo que la situación no solo no se desandaba, sino que se iba enrocando, cuando me denuncian ante la Policía y se dan situaciones desagradables con las personas que envío al monasterio, me he dado cuenta de que la situación difícilmente se hace reversible. Los primeros días sí alentaba alguna esperanza de poder iniciar un camino de retorno. Pero, en la medida que la situación se enroca y no hay ninguna señal desde el monasterio, soy consciente de que esto va a tener un cauce realmente poco deseable.

Están excomulgadas, pero, en el fondo, se han excluido ellas solas, ¿no?
Ellas deciden abandonar la Iglesia católica y, además, lo dicen en varias ocasiones. Lo que confirma la Iglesia con la declaración de excomunión es que, efectivamente, ya no pertenecen a la Iglesia, pero el proceso lo siguen ellas mismas. Se les da un plazo para que recapaciten y se les amplía, pero dicen otra vez que se mantienen fuera de la Iglesia. Entonces, la excomunión es un acto jurídico formal que conlleva, evidentemente, la expulsión de la vida consagrada. Porque si no eres parte de la Iglesia, no eres parte de un orden de la Iglesia.

Y, por tanto, ya no forman parte de la comunidad de Belorado, la propietaria del monasterio…
Este es otro tema. Cuando el 13 de mayo puedo hablar con la vicaria a través del párroco, me dice que habían tomado la decisión por unanimidad, y no es cierto. Lo hemos sabido por sor Amparo, que dos días después es conminada a abandonar el monasterio. Sor Amparo también nos informó de que no hubo capítulo y ni ella ni las mayores ni las dos monjas que se encontraban en otros monasterios en ese momento y formaban parte de la comunidad habían sido advertidas. Por tanto, no hubo capítulo ni votación. Siempre fueron diez de dieciocho. Estas tres y la mayores siguen formando parte de la comunidad de Belorado y, por tanto, hay una comunidad monástica que cuidar. Con respecto a los bienes, estos son de la entidad jurídica: el Monasterio de Belorado y el Monasterio de Orduña, que tienen unas religiosas. Hemos visto que habían creado dos asociaciones civiles con la intención de transformar los monasterios en asociaciones civiles y transferir a estos los bienes inmuebles. No tienen capacidad para tomar ese tipo de decisiones. Solo lo podría hacer la Santa Sede, que es la autoridad. Esos bienes han sido donados por personas que quieren que a perpetuidad haya un monasterio de monjas católicas que lleven adelante lo que es la vida monástica. Si diez personas deciden salirse de la Iglesia, que sean coherentes con la decisión. Salen las diez y fundan en algún otro sitio, pero no se pueden llevar el monasterio con ustedes.

¿Y qué va a pasar ahora?
Uno de los últimos comunicados que hicieron tiene contradicciones. Por un lado, dicen que solo reconocen la autoridad de los tribunales. Yo también la reconozco. Los tribunales están para hacer cumplir la ley. Y la ley es clara. Por otra parte, señalan que quieren llegar a un acuerdo extrajudicial. Pero si solo reconocen la autoridad de los tribunales y no la mía, ¿quién es el interlocutor? No hay acuerdos que valgan. Debe cumplirse la ley. Me consta que su equipo de abogados anterior —ahora tienen otro— ya les informó de que el recorrido que quieren seguir no es viable. Nosotros le hemos dicho que sustraer del ámbito eclesial católico unos monasterios y llevarlos al ámbito civil no es viable. Se ve que no quieren reconocer la realidad. Por tanto, llegará el momento en que un juez tendrá que decirles que, efectivamente, ya no pertenecen a la comunidad y, por tanto, tendrán que abandonar esos lugares. Si en un tiempo prudencial motu proprio no recapacitan de esta manera, la instancia que ellas reconocen y a la que me han llevado, que son los tribunales, tendrán que hacer que la justicia prevalezca.

¿Cómo está la situación a nivel económico?
Tenemos un puzle muy incompleto. Hemos requerido por tres veces a la exabadesa la gestión económica sin respuesta. Y esta es una cuestión muy importante, porque se está impidiendo al representante legal que haga su tarea, que es la gestión del monasterio. Esto es grave. Se nos pasan facturas y hemos podido rastrear cuentas, pero la visión de la economía del monasterio es muy incompleta. Es cierto que muchos proveedores nos están enviando ahora las facturas y estamos viendo quiénes son los compañeros económicos de las hermanas, y también las nóminas, que hay once. Por tanto, la información económica es muy fragmentaria. Estamos haciendo frente a los pagos que están justificados y, en otros casos, hemos abierto conversaciones para saber de qué se trata. La gestión económica está siendo impedida por la exabadesa y aquí tendremos que tomar alguna acción.

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, franciscano, ve en esta situación una «ofuscación» de la madre abadesa. ¿Usted opina lo mismo?
Es llamativa la falta absoluta de comunicación, incluso con terceras personas. Yo le dije en alguna ocasión que si no era conmigo o con la presidenta de la federación, que nos señalara a alguien. Mucha gente ha intentado la interlocución: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos… Podría dar los nombres de todos los que lo han probado. No ha habido ningún signo de querer hablar. Ahora, una vez que han salido de la Iglesia, quieren dialogar sobre los bienes en el plano jurídico. Pero tiene que haber un debate mucho más profundo, un diálogo de retorno a la Iglesia. Los bienes solo son la punta del iceberg. Este no es el terreno de juego, el lugar es que han puesto en revolución su propia identidad como religiosas católicas.

¿Alberga alguna esperanza de que se resuelva todo satisfactoriamente?
Rezo por ellas cada día. Pienso que estas cosas son a largo plazo, aunque, como dice la Escritura, Dios puede sacar de estas piedras hijos de Abrahán. Confío en que, si no todas, la mayoría, puedan estar en la Iglesia católica el día de mañana. Albergo esa esperanza, rezo por ello, pero no tengo la llave. Ojalá estén dispuestas a atender esa llamada del Señor y volver al hogar, a la Iglesia católica.

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