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Iglesia y Trinidad

Nuestras celebraciones festivas tienen un doble sentido. Uno, que compartimos con la sociedad y la cultura humana: son las fiestas y ceremonias que recuerdan unos hechos de la historia social, que además de desarrollar el sentido lúdico, reafirman la identidad del colectivo y los lazos entre sus miembros.

Nosotros hacemos algo parecido. Pero lo hacemos en un sentido más profundo y comprometido. Nosotros hacemos liturgia, que además de ser memoria, reafirmación de identidad, experiencia de hermandad, es acción del Espíritu, oración de la Iglesia, expresión de la belleza del Misterio, celebración del Pueblo de Dios en camino.

Sin duda, mucha gente no llegará más allá de ese significado superficial. Pero quisiéramos aprovechar este regalo que el Señor nos hace, de poder celebrar dos efemérides importantes en un mismo día: los 500 años de historia de la parroquia de Sant Llorenç y los 20 años de la creación de la Catedral desde que se creó la diócesis de Sant Feliu de Llobregat en ese mismo templo que entonces sólo era parroquial.

Otra coincidencia providencial viene a confirmar esta visión profunda de la fiesta: el mismo día la Iglesia celebra el primer y gran misterio de nuestra fe que es la Trinidad. En esta celebración la Iglesia «toca el corazón de Dios» y por así decirlo, experimenta su sentido, su fuente, su esencia, su modelo y su esperanza.

Si creemos en la Trinidad debemos creer en la Iglesia, de la que procede. La Iglesia es misterio porque al nacer del corazón de la Trinidad es también misterio.

Si no existiera la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Iglesia no sería más que una asociación, un pueblo políticamente constituido, un club de afición, un grupo de acción transformadora, etc.

Si no pudiéramos mirar a la Trinidad, no conoceríamos el amor más perfecto, aquél que es el corazón de Dios y del que procede la Iglesia. Ella trata de imitarle de lejos con afectos y esfuerzos de comunión interna entre sus miembros.

Si no lo hubiera hecho la Trinidad, la Iglesia sería algo imposible.

Vamos más allá. Todo es obra de la Trinidad. Sin reparo, decimos que los 500 años de historia de la parroquia de Sant Llorenç y los 20 de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat es obra de la Trinidad. Además, la Trinidad ha sido siempre el horizonte de los fieles que en momentos de crisis, en momentos de olvido de Dios y división, los fieles siempre han podido mirar el lugar donde se realiza el amor y la comunión más perfectos.

Asumimos nuestro templo catedralicio, como testimonio de la historia que Dios, amor trinitario, ha hecho para nosotros, quienes han hecho camino durante tantos años y los que seguimos peregrinando, gran Pueblo diocesano.

Con alegría compartida, damos gracias al Padre, origen de todo bien, al Hijo, salvador y hermano y al Espíritu de amor que a todos nos hace uno.

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