Realmente, Jesús, cuando escucho estas palabras tuyas… y veo cómo nos enseñas a orar. Y lo explicas a través de esta parábola de este hombre, este juez injusto, que no le importaban los hombres; pero cómo es reclamado una y otra vez por esta viuda. Y cómo ya, cansado, para que no le esté fastidiando, e hace caso y le concede lo que le pide. Y Tú dices: “Así tenéis que orar”.







