Nos disponemos a celebrar un acontecimiento singular y especial en nuestra Catedral Primada.
Con ocasión del VIII Centenario de la construcción de la Catedral, la Iglesia ha concedido un Año Jubilar que comenzará el próximo 25 de octubre con la apertura de la Puerta de Reyes, la Puerta Santa. Será a las 18:00 horas. Comenzaremos en la plaza del Ayuntamiento. Os espero a todos.
Es la primera vez en la historia que nuestra Catedral recibe la gracia de un Jubileo propio. Es un tiempo de gracia para toda la Iglesia que peregrina en Toledo. Entrar en la Iglesia Madre durante este Jubileo es entrar en el corazón de nuestra Iglesia diocesana. Es una oportunidad única para recibir tres grandes gracias:
- La gracia de reconocer. Descubrir la santidad que Dios ha suscitado en nuestra Catedral. Es mirar con ojos agradecidos nuestra historia. Entraremos por la Puerta Santa con el corazón ensanchado. Dios, en nuestra Iglesia, hace y ha hecho maravillas. La Catedral Primada ha sido testigo de la fe de generaciones enteras. Entre sus muros han rezado santos, obispos, sacerdotes, consagrados, familias y miles de fieles. Aquí se ha celebrado la eucaristía. Se ha anunciado el evangelio. Se ha administrado el perdón. Se han consagrado obispos y ordenado sacerdotes. Se ha transmitido la fe de generación en generación.
Nuestra Catedral de Toledo ha sido y es un referente pastoral, cultural, caritativo y evangelizador para toda la Archidiócesis. Necesitamos recuperar una memoria agradecida. Caer en la cuenta de que la gracia de Dios ya ha dado mucho fruto entre nosotros y de que esa misma gracia puede seguir fecundando nuestra historia.
- La gracia de la conversión. Ver nuestros pecados y divisiones con los ojos de Dios. Es tiempo de regeneración, de volver a nacer. Atravesar la Puerta Santa es cruzar un umbral exterior que provoque un movimiento interior.
Debemos pedir al Señor la gracia de poner nombre también a nuestros pecados, a aquellas actitudes que dañan la comunión de la Iglesia. La Catedral nos recuerda que somos miembros de un mismo Cuerpo. La Puerta Santa es un paso hacia la reconciliación. En nuestra vida cristiana vamos creciendo en la medida en que somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos y contemplar la acción de Dios en los otros. Esto nos hace ser muy humildes. Entraremos por la Puerta Santa verdaderamente si, como el Buen Pastor, conocemos y amamos a nuestras ovejas, a aquellos que Él nos ha dado para que los cuidemos y protejamos.
- La gracia de seguir construyendo juntos la Iglesia diocesana. Celebrar la segunda fase de nuestro Sínodo Diocesano es también una llamada de Dios para ser constructores, cada uno de nosotros. Caminamos juntos. Hemos de ser expresión de una Iglesia diocesana unida, misionera y cercana a todos. Formamos parte de una misma misión. Construir juntos es poner todo al servicio de una misión mayor: la misión de Cristo confiada a su Iglesia.
La nueva civilización de la que la Catedral ha sido testigo en tantos momentos de la historia se ha podido realizar por el sentido de ofrecer y expresar la grandeza de Dios en medio de la sociedad y del mundo. No podemos olvidar nuestras raíces cristianas. Si nos olvidamos de Dios, sabemos cómo empezamos, pero no cómo acabamos. Que al cruzar la Puerta Santa, podamos decir: «Señor, gracias por lo que has hecho entre nosotros; perdona lo que hemos hecho mal; y ayúdanos a seguir caminando juntos».
Que la Virgen del Sagrario, Madre de nuestra Iglesia, nos enseñe a permanecer unidos a Cristo y a caminar como un solo pueblo.




