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La cultura que habla de lo humano

Este verano he tenido la suerte de coincidir en el Pirineo catalán con el actor de teatro italiano Carlo Rossi. No sabía quién era, incluso reconozco cierto escepticismo cuando los amigos que me acompañaron me dijeron que íbamos a ver un monólogo suyo. Un monólogo cómico de un italiano que no habla apenas español. Qué atrevido.

Desde luego, Carlo fue atrevido. Había preparado un espectáculo en torno a la pregunta: “¿por qué soy cristiano?” Podría haber sido una buena chapa pero no lo fue. Con la única compañía de un sombrero y una silla puso al público en pie con una simpática y torpe conversación con un altavoz inteligente. La voz le preguntaba en español, él respondía en un italiano muy asequible para un público que no lo tenía por qué entender.

Su “estrategia” ante el interrogatorio de la IA era responder con evasivas. El objetivo de hacer reír a su público lo consiguió de forma sobresaliente. Pero lo que más me sorprendió no fue verme riendo a carcajadas ante sus ocurrencias, sino comprobar que éstas, que parecían inocentes y espontáneas, estaban bien pensadas y estudiadas y formaban parte de un camino hacia la respuesta final. Entre bromas, Carlo acabó respondiendo a la pregunta de forma muy seria. «Soy cristiano porque soy preferido». Una preferencia que experimenta en una carne a la que llamó «amigos peligrosos», porque le hacen preguntas incómodas como la del título del monólogo que le obligan a tomarse la vida en serio.

No es verdad que el sombrero y la silla fueran su única compañía. La última escena fue realmente conmovedora. Cuando Carlo entonó el Oh sole mio napolitano varias personas del público se levantaron para cantar con él. «Estos son mis amigos peligrosos» concluyó Rossi señalándolos conmovido.

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