“Este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. (Lc 15,24)
- En este tiempo muchas personas parecen desconocer o haber olvidado a Dios ¿A qué puede deberse esa situación?
- En otras ocasiones se admite una referencia a lo sobrenatural. ¿Por qué se rechaza a un Dios que se presenta como padre?
- Aun los que dicen admitir a Dios como Padre, ¿se reconocen y se respetan siempre como hermanos?
- ¿Es habitual reconocer que si nos alejamos de Dios llevamos una vida mortecina?
- ¿No nos preocupa haber abandonado al Padre para terminar sirviendo a unos amos que no nos prestan atención?
- ¿Qué significa en nuestra vida esa contraposición entre la pérdida y el hallazgo?
- ¿Y yo estoy dispuesto a decir con verdad que “me levantare e iré donde mi Padre?







