Denuncia la falta de protección con la que conviven miles de personas en sus lugares de trabajo
«No son números, son personas». En su compromiso con los más humildes y pequeños, la Iglesia quiere seguir profundizando en la falta de protección con la que conviven miles de personas en sus lugares de trabajo y acercarse y acompañar a las víctimas de accidentes de los laborales. De esta forma, el departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal ha mantenido este viernes, 16 de febrero, un encuentro con los representantes de varias asociaciones de víctimas de accidentes laborales y de sus familiares —AVAELA Andalucía y Guadalajara, y la Plataforma 28 de Abril, de la Rioja—. La reunión ha sido presidida por Monseñor Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria, responsable del citado departamento.
La Pastoral del Trabajo, en el comunicado emitido al término del encuentro, ha recordado las acciones que viene realizando en los últimos tres años, encaminadas a actualizar su «mirada» a esta realidad —trabajo con la Fiscalía General de Siniestralidad Laboral; mediación entre sindicatos y empresarios…— para dar respuesta al documento Fieles al envío misionero, que invita a «promover el acompañamiento de los trabajadores pobres, de los precarios y descartados».
Según datos del ministerio de Trabajo y Economía social, los accidentes registrados en España durante el año 2023 ascendieron a un total de 1.194.907, de los que 4.706 fueron considerados «graves», y 721 causaron la muerte de algún trabajador. Cada día dos trabajadores mueren en su puesto de trabajo en España. Si bien se puede apreciar una disminución de los siniestros con respecto a 2022, estos «no dejan de ser una calamidad que hay que atajar a la mayor urgencia posible y más cuando todos los agentes sociales coinciden en que una mayoría de ellos podrían haberse evitado», esgrime el departamento en su nota.
Otro de los problemas abordados durante la reunión ha sido el de la pérdida o compromiso de la salud como consecuencia de unas condiciones de trabajo adversas. Según la Unión Europea, las enfermedades relacionadas con el trabajo se hallan detrás de 2,4 millones de muertes anuales en todo el mundo. En España, durante el pasado 2022, se registraron 22.408 enfermedades laborales, cifras que, según la Pastoral del Trabajo, «distan mucho de la realidad, según los agentes sociales». En cuanto al tiempo de resolución en los juzgados, los casos de accidentes laborales y enfermedades profesionales tienen una duración media de cinco años en nuestro país, llegando hasta los 15 en algunas provincias españolas.
Injusticia estructural
«En nuestra sociedad —señala el comunicado—, vivimos una situación de profunda injusticia estructural que consiste en dar a los bienes producidos más valor que a la persona que los hace posibles. De esta manera el hombre es considerado como un instrumento de producción, lo que supone la negación de nuestra dignidad como hijas e hijos de Dios al convertirnos en simple fuerza de trabajo, en instrumento del que obtener un beneficio económico». Por ello, «el Dios de la vida nos invita a acompañar a las víctimas de la siniestralidad laboral y de las enfermedades profesionales, acercándonos a ellas y escuchándolas, para que nuestra presencia las reconforte y sientan que no están solas».
En opinión del departamento de Pastoral del Trabajo, «hemos de colaborar en el cambio de mentalidad porque estos sucesos no son fruto de la casualidad o de la mala suerte. Combatamos, también, la resignación, pues la inmensa mayoría de las enfermedades y accidentes son evitables, si se cumple la normativa».
La Conferencia Episcopal ha recibido con buenos ojos la reciente convocatoria de la Mesa del Diálogo social para empezar a abordar los compromisos alcanzados en la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027, y desde la Pastoral del Trabajo se reivindica un diálogo tripartito que tenga en cuenta y escuche a las asociaciones de víctimas de accidentes laborales y de sus familiares.
En consonancia con sus peticiones, la Pastoral del Trabajo se une a las asociaciones de víctimas «y a sus justas reivindicaciones ante las administraciones públicas para que velen por el cumplimiento de la legislación laboral, poniendo medios para que las víctimas y sus familias no tengan que sufrir otro calvario adicional ante los procesos burocráticos y jurídicos que se eternizan, a fin de que sea reconocida su condición de víctimas y puedan cerrar lo antes posible un proceso tan doloroso, al margen de que su situación económica quede en un estado de dignidad, sin la demora de años y años de instrucción judicial».
«Como Iglesia, hacemos un llamamiento para promover la defensa de la vida en el trabajo, creando conciencia en nuestras comunidades eclesiales, implicándonos en la denuncia de esta injusticia y apoyando las iniciativas y campañas, como la que ya lleva a cabo Iglesia por el Trabajo Decente», finaliza el texto firmado por el obispo Martínez Varea y por el director del departamento de Pastoral del Trabajo, Antonio Javier Aranda López.








