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La paz esté con todos ustedes: hacia una paz «desarmada y desarmante»

Queridos hermanos:

Hace unos días el Papa León XIV ha hecho público su primer mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que –como es tradicional– celebraremos el próximo día 1 de enero, el día de Año nuevo.

El lema que nos propone para esta Jornada es “La paz esté con vosotros”, que recuerda su primer saludo como Papa al asomarse al balcón central de la Basílica de San Pedro, el saludo de Cristo Resucitado a sus discípulos, que repitió hasta tres veces, dejando claro que el logro de una paz “desarmada y desarmante” para todos los pueblos sería una de sus intenciones como Pastor de la Iglesia universal y una parte importante de su programa pastoral.

En este mensaje, el Papa tiene de fondo y manifiesta su gran preocupación por la escalada armamentística que se está produciendo a nivel mundial, con un aumento muy significativo del gasto en armas en los últimos años. Esto está creando un ambiente bélico generalizado, que establece relaciones mundiales basadas en el miedo y el poder de la fuerza. Se genera así un temor persistente y actitudes fatalistas, que siembran desesperanza y desconfianza ante una angustiosa perspectiva de la guerra. Y como siempre sucede, los desequilibrios de poder entre los más fuertes ponen en peligro la justicia y la dignidad de las personas.

El Papa señala que los avances tecnológicos y la inteligencia artificial radicalizan los conflictos bélicos y “desresponsabilizan” las decisiones que afectan a la vida y a la muerte de las personas humanas –delegadas en máquinas de guerra–. Y el Vaticano II calificaba de “delitos” los grandes y desproporcionados efectos que las armas científicas provocan a gran escala (cf. GS 80).

El Papa insiste en que la paz no se puede conseguir por las armas. La paz verdadera es una realidad que se experimenta en la vida pública y doméstica, de lo contrario se difunde la agresividad. La paz no es nunca una conquista sino un don; no puede ser una meta ficticia sino una realidad presente; no es un ideal lejano, sino que está cerca de la convivencia de las personas. La paz es el regalo de la confianza, del perdón, del amor. La bondad –dice el Papa– es desarmante; la fragilidad, la ternura, la humildad siempre vencen la sed de venganza y desactivan las respuestas violentas. La paz se apoya en la confianza recíproca.

En la vida ordinaria, los pensamientos y las palabras también se pueden transformar en armas, e incluso se puede llegar a justificar la violencia religiosamente. Sin embargo, las religiones, que tienen de hecho diversas creencias e ideas de Dios, todas creen que los hombres son hermanos y no rivales. Y esto las convierte en “casas de paz”, en expresión del Pontífice.

Finalmente, el Santo Padre pide que el fruto del Jubileo Ordinario de la Encarnación que está concluyendo sea ponernos en camino como peregrinos de esperanza para lograr una paz verdadera.

Con mis mejores deseos para el año nuevo y mi bendición.

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