“Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. (Lc 2, 30-32)
- ¿Qué puede significar para nosotros, en este momento y en este lugar, el relato evangélico de la presentación de Jesús en el templo?
- ¿La aceptación de la voluntad de Dios hace de nosotros humildes portadores de Jesús, como lo eran José y María?
- ¿Cómo podemos descubrir la presencia silenciosa de Jesucristo en este mundo nuestro, tan ruidoso y publicitario?
- ¿Qué pueden significar con relación a la misión de Jesucristo las palabras del cántico de Simeón?
- ¿Podemos decir como Simeón que nuestros ojos han visto al Salvador y que hemos descubierto su luz y su gloria?
- ¿Hasta qué punto la figura de Ana, la profetisa, puede ser un modelo de la misión de la Iglesia?
- ¿Hago mío, en el rezo de las completas, este cántico de Simeón, dando gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de conocer a su Hijo?







