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La puerta del costado sigue abierta

El pasado 7 de junio clausuramos el Año Jubilar que el Santo Padre concedió a la Diócesis de Valladolid por la celebración del centenario de la entronización de la imagen del Corazón de Cristo en la Torre de la Catedral. Estamos llenos de agradecimiento por lo vivido a lo largo de este año por las personas de nuestra Diócesis y de fuera que han llegado a la Catedral y a la Basílica Santuario a peregrinar al corazón de Cristo, a recibir con júbilo la misericordia que brota de su costado abierto, puerta del amor misericordioso.

La puerta abierta de este costado sigue abierta, aunque el año Jubilar se haya clausurado. Ya desde el principio, nos planteábamos este año como un comienzo, con una mirada a diez años vista, decíamos entonces, queriéndonos unir a la gran convocatoria eclesial para celebrar el Año Santo de la Encarnación en 2025, y el Año Santo de la Redención, Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, en 2033.

Por eso la puerta del costado sigue abierta y la Iglesia, como María, sigue acercando la copa a esta puerta abierta, manantial incesante de gracia, para acoger el tesoro escondido del amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo. Este amor misericordioso, agua, sangre y Espíritu que salen del costado abierto, llega a nuestras vidas a través de los cauces de la gracia, el Bautismo, Eucaristía y Confirmación, también a través del “segundo bautismo”, sacramento de la Penitencia.

Por eso, porque la puerta sigue abierta, queremos seguir en nuestra Diócesis, renovando nuestra iniciación cristiana, renovando la acogida del agua, del Espíritu, de la sangre y la carne de la Eucaristía. Queremos en estos próximos años ser capaces de hacer llegar a cuantos más corazones mejor, la alegría de la misericordia. Sí, unidos a la Iglesia queremos también ser peregrinos de esperanza en el año 2025.

Queremos que esta puerta abierta se una al Año Santo de la Iglesia Universal. Nosotros, como Diócesis, acabamos de convocar el mismo día del Corazón de Jesús, un congreso sobre el Corazón de Cristo que celebraremos en junio del año 2025. Un congreso que será impulsado por la Exhortación Apostólica que el Papa Francisco ha prometido que será publicada en los próximos meses, lo que sin duda impulsará la centralidad del Corazón de Cristo en toda la Iglesia.

Sí, la puerta sigue abierta y nosotros, como Iglesia diocesana, queremos que sea fuente de comunión. Comunión que se organiza en los Consejos pastorales parroquiales, comunión que se concreta en la propuesta de la vida comunitaria en nuestras parroquias, en asociaciones, en movimientos, en lo que se propone desde las congregaciones religiosas.

Sí, nuestros corazones están llamados a concordar con el corazón de Cristo para que sea posible la comunión en la Iglesia. Una comunión en camino. Una comunión sinodal nos decimos ahora en la Iglesia. Por eso queremos acoger lo que el Sínodo que la Iglesia Católica está realizando y que tendrá su segunda parte y definitiva en el próximo octubre, nos proponga para avanzar en la comunión misionera.

La puerta sigue abierta y por eso queremos salir a la misión en diversos ministerios eclesiales, viviendo la vida como vocación. Cada una de las realidades eclesiales y cada persona tiene una razón de ser vocacional. En la Iglesia, discípulos misioneros, queremos anunciar la misericordia y atraer a la puerta abierta del costado de Cristo a otras personas para que encuentren también la alegría de la misericordia.

Queremos en estos próximos nueve años hasta 2033, donde además de celebrar los 2000 años de la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, celebraremos los 300 años de la revelación del Corazón de Jesús al beato Bernardo Francisco de Hoyos, responder a la propuesta eclesial de la conversión pastoral para ser una Iglesia que vive en comunión misionera. Sabemos bien, y lo hemos experimentado este año, que la comunión y la misión de la Iglesia sólo surgen del Corazón de Cristo, sólo brotan de la experiencia de un encuentro vivo con Él y se mantienen en medio de las dificultades.

Hemos experimentado que verdaderamente el Corazón de Jesús reina en nuestros corazones, y porque reina en nuestros corazones, lo confesamos en nuestro interior y queremos también confesarlo en la plaza pública para anunciar el reinado del Corazón de Cristo.  El testimonio hará que surjan pequeños indicadores, brotes de este reinado en nuestras diversas formas de estar en la vida social, en la vida pública, en la vida económica, en las propuestas concretas que seamos capaces de encarnar eclesialmente, que hagan visible este reinado.

Así que, amigos, el Año Jubilar ha concluido, pero seguimos diciendo: Venga tu Reino. El Año Jubilar ha concluido, pero seguimos escuchando la llamada de Jesús que nos dice: Venid a mí. El Año Jubilar ha concluido. Pero llenos de alegría, queremos salir a los caminos de la historia y vivir en el interior de la Iglesia la realización del “Reinaré” que sigue resonando con fuerza en nuestra Basílica Santuario de la gran promesa del Corazón de Jesús.

Gracias a todos los que habéis querido participar en este Año Jubilar. Y ánimo, porque si la puerta sigue abierta, el camino del anuncio del Reino también está ya diseñado. Porque este camino es el mismo Jesús, camino, Verdad y vida, que al mismo tiempo que nos anima a salir nos propone venir a Él para, renovando la alegría de la misericordia, cantarla por los caminos de nuestra vida diocesana y social.

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