Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

La vida, un don inviolable

El Evangelio de hoy nos pone delante la curación del ciego de nacimiento. Jesús se detiene, toca su herida y la transforma: unos ojos que nunca habían visto se abren, y con ellos se abre un mundo. No es solo un milagro de oftalmología; es una conversión de la mirada. El evangelista advierte que la peor ceguera no está en la retina, sino en el corazón que se cierra a la verdad y a la vida.

En este horizonte, el 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación, celebraremos la Jornada por la Vida, que nos invita a mirar, custodiar y promover el don de cada vida y su dignidad, desde la concepción hasta la muerte natural.

Además de los criterios éticos y morales propios de la propuesta católica de cultura de la vida, para acercarnos con respeto a un tema delicado (a menudo condicionado por intereses económicos o de ingeniería social), aporta luz escuchar las experiencias de mujeres, familias y profesionales sanitarios, y seguir las aportaciones de la ciencia.

Por eso decimos que defender la dignidad del no nacido no se opone a defender la dignidad, la salud y los derechos de la mujer. La biomedicina (embriología, inmunología del embarazo, epigenética y neonatología) confirma que el embrión humano es un organismo humano en fase temprana, distinto de la madre, con unidad e integración propias desde la fecundación. Categorías jurídicas como “persona” o umbrales clínicos como la “viabilidad” pueden variar; la realidad biológica del sujeto en desarrollo, no.

Mi palabra no pretende juzgar ni imponer visiones. Al contrario: queremos acoger con empatía las realidades de las mujeres que hayan vivido la experiencia del aborto, natural o voluntario, y, aunque no es lo mismo, también el duelo perinatal de mujeres y familias. En la diócesis, nos ponemos a vuestra disposición.

Como cristianos, defendemos el derecho a nacer y a vivir dignamente multiplicando apoyos concretos para que madre e hijo sean protegidos. ¿Cómo? Con proximidad, recursos y verdad. Donde hay miedo, pongamos proximidad; donde hay precariedad, recursos; donde hay confusión o debate, argumentarios y búsqueda de la verdad; y, siempre, ternura. El ideal evangélico es alto, pero no es inhumano: humaniza.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now