El Pontífice ha dedicado la catequesis de este miércoles, difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, a este relato recogido por san Marcos
El protagonista de la nueva catequesis del papa Francisco en el Jubileo fue el hombre rico, con quien Jesús mantiene un encuentro. Una parábola a partir de la que el Pontífice ofrece una serie de lecciones que se pueden aplicar a la vida de cada cristiano.
Este hombre rico cumplía los mandamientos, lo que se podía esperar de él, pero su vida no tenía sentido. «Más allá de las cosas que hacemos, de los sacrificios o de los éxitos, lo que realmente importa para ser feliz es lo que llevamos en el corazón. Si un barco debe zarpar y dejar el puerto para navegar en alta mar, aunque sea un barco maravilloso, con una tripulación excepcional, si no leva los lastres y las anclas que lo mantienen sujeto, nunca podrá partir. Este hombre se construyó un barco de lujo, ¡pero se quedó en el puerto!», explica Francisco.
De hecho, el Papa señala que uno de los errores de este hombre es pensar que la vida eterna «es una herencia, algo que se obtiene por derecho, a través de una meticulosa observancia de los compromisos». «Pero en una vida vivida así, aunque ciertamente a fin de bien, ¿qué espacio puede tener el amor?», agrega.
El amor es gratuito
Y aquí es donde aparece Jesús, que mira y ama con todo aquel con el que se encuentra. «Jesús ama este hombre antes de haberle dirigido la invitación a seguirlo. Lo ama tal como es. El amor de Jesús es gratuito: exactamente lo contrario de la lógica del mérito que atormentaba a esta persona. Somos realmente felices cuando nos damos cuenta de que somos amados así, gratuitamente, por gracia. Y esto también vale en las relaciones entre nosotros: mientras intentemos comprar el amor o mendigar afecto, esas relaciones nunca harán que nos sintamos felices», recalca.
Y este amor es a la vez una llamada a cambiar su forma de vivir y de relacionarse con Dios, a curar esa herida que tenemos, eso que nos falta. Pero para llenar ese vacío, no hace falta comprar reconocimiento, afecto, consideración… «Hay que vender todo lo que nos pesa para liberar nuestro corazón. No sirve de nada seguir quedándonos con las cosas, sino más bien dar a los pobres, poner a disposición, compartir», subraya.
Jesús, en su encuentro, también lo invita a no quedarse solo, a vivir una relación: «Si nos quedamos solos, nunca oiremos pronunciar nuestro nombre y seguiremos siendo «alguien», anónimos. Quizá hoy, precisamente porque vivimos en una cultura de autosuficiencia e individualismo, nos descubrimos más infelices, porque ya no oímos pronunciar nuestro nombre por alguien que nos quiere gratuitamente».
Y pese al encuentro, porque la propuesta de Dios es en libertad, el hombre no acoge la invitación. Y se queda triste. «La tristeza es la señal de que no ha logrado partir. A veces pensamos que son riquezas y, en cambio, son solo pesos que nos están bloqueando. La esperanza es que esta persona, como cada uno de nosotros, tarde o temprano pueda cambiar y decidir ir a alta mar», concluye.






