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León XIV, en su segunda catequesis sobre la Dei Verbum: «Cristo es, a un tiempo, mediador y plenitud de toda la Revelación»

Durante la audiencia general de los miércoles, el Papa ha continuado con su nuevo ciclo de reflexiones dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II

En una mañana marcada por la calidez del encuentro entre León XIV y los fieles congregados en San Pedro, el Papa ha continuado con su ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, que en esta primera fase está centrado en la Constitución dogmática Dei Verbum. El Pontífice ha profundizado ante una multitud de peregrinos en el misterio de la divina Revelación, recordándonos que la fe no se asienta en conceptos abstractos, sino en un diálogo de amor y una historia compartida entre el hombre y su creador.

Desde el inicio de su reflexión, enunciada en el Aula Pablo VI de Roma, el Santo Padre ha querido subrayar el marcado carácter relacional de este misterio: «Dios se revela en un diálogo de alianza, en el que se dirige a nosotros como a amigos», ha proclamado. Esta comunicación, según ha explicado León XIV, no busca simplemente transmitir ideas, sino invitar al ser humano a una comunión en la reciprocidad, donde cada persona puede descubrir su verdad más profunda al sentirse conocida por Dios.

Así, el eje central de la catequesis ha sido la figura de Jesucristo como la culminación y el cumplimiento definitivo de este diálogo. Citando el documento conciliar, el Papa ha afirmado que «la verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es, a un tiempo, mediador y plenitud de toda la Revelación». En este sentido, León XIV ha recordado que el conocimiento de Dios no es un logro intelectual que dependa de las propias fuerzas, sino un don que se recibe al entrar en la relación del Hijo con el Padre a través del Espíritu Santo.

Uno de los momentos más emotivos de la audiencia general se ha despertado con la reflexión del Pontífice sobre la predilección de Dios por la sencillez. Aludiendo al Evangelio de Lucas, ha recordado el célebre «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y haberlas revelado a los pequeños». Pues, para León XIV, este pasaje atestigua que la verdadera revelación es un acto de generosidad divina y no el resultado del esfuerzo humano.

Asimismo, ha hecho hincapié en cómo la Revelación redefine nuestra propia identidad, asegurando que «en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos». Esta conciencia de ser hijos, que claman «¡Abba!, ¡Padre!», es lo que permite al cristiano vivir en un confiado abandono, sabiendo que el Padre que está en el Cielo conoce todas nuestras necesidades.

En este sentido, el Pontífice ha advertido sobre el peligro de reducir la fe a verdades intelectuales hacia el final de su intervención, pues se corre el riesgo de reducir o minusvalorar la importancia de la humanidad de Jesús. «Para conocer a Dios en Cristo debemos acoger su humanidad integral: la verdad de Dios no se revela plenamente cuando se le quita algo a lo humano», ha manifestado a este respecto. Ya que, según ha insistido, es a través de los gestos concretos de Jesús —su nacimiento, sus enseñanzas, sus milagros y, especialmente, su pasión y resurrección— como se completa la manifestación de Dios en el mundo.

La audiencia ha concluido, finalmente, con un mensaje de esperanza basado en la victoria del amor divino, pues «siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios». Con estas palabras, ha invitado a los fieles a vivir una fe encarnada, que reconozca en la persona misma de Jesús el lugar donde Dios se entrega plenamente a la humanidad.

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