El Papa publica su mensaje para la XLI Jornada Mundial de la Juventud, que las diócesis celebran el 22 de noviembre y que culminará en Seúl del 3 al 8 de agosto de 2027
El Vaticano ha hecho público este martes el mensaje de León XIV para la XLI Jornada Mundial de la Juventud, que las Iglesias locales celebrarán el próximo 22 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey, y que tendrá su encuentro internacional en Seúl del 3 al 8 de agosto de 2027. El texto, que toma como lema las palabras de Jesús «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), propone a los jóvenes una valentía que no se apoya en las propias fuerzas sino en la confianza en Cristo, y que el Papa concreta en actitudes frente a la presión por el éxito, la comparación constante y la soledad.
Los miedos de una generación
El Pontífice dedica la primera parte del mensaje a describir las preocupaciones que, según reconoce, pesan sobre muchos jóvenes, desde los temores por el futuro hasta «la presión por tener éxito y parecer perfectos» y el estrés de «una continua comparación con los demás o con modelos inalcanzables y artificiales». Menciona también la dificultad para aceptar la propia identidad bajo la influencia de las imágenes que construyen las redes sociales y advierte de que «la tecnología puede imitar la empatía, pero no sustituye la auténtica cercanía humana».
Frente a este panorama, el Papa recurre a la escena evangélica de los discípulos que atraviesan el lago de noche en medio del viento, cuando Jesús se acerca caminando sobre las aguas y les dice «Soy yo, no teman». De ahí extrae la idea central del mensaje, según la cual Cristo está ya cerca antes de que los jóvenes empiecen a buscarlo. «La valentía cristiana no nace de nuestra fuerza, nace de su presencia», escribe.
La victoria no consiste en imponerse
León XIV aclara que el «mundo» vencido por Cristo no es la creación, amada por Dios, sino esa realidad presente también en el corazón humano que se resiste a Él. Y explica que la victoria de Jesús no se parece a las que propone la mentalidad corriente, basadas en ser más fuertes que los demás, sino que es la del Hijo de Dios que se abaja por amor. «La verdadera victoria no es imponerse, sino entregarse», afirma, antes de animar a los jóvenes a no esconder sus fragilidades, sus dudas o sus límites, porque «su dignidad no nace de la imagen que logran construir de ustedes mismos».
Esa valentía, subraya, no es una valentía «“contra” algo o alguien, sino una valentía “por”», y la traduce en tres actitudes concretas, que son «la valentía de ser amables cuando la dureza parece más fácil y resolutiva, la valentía de buscar la paz cuando el enfrentamiento parece más ventajoso, la valentía de custodiar la esperanza cuando el cinismo parece más convincente».
El Papa presenta además la humildad como otra forma de valentía, la de recibir. Critica una mentalidad que empuja a hacerlo todo solo y a trabajar continuamente en uno mismo, y que al final puede llevar a creer que «somos nuestros propios salvadores». El Evangelio, sostiene, propone en cambio aceptar la ayuda de los demás, reconocer los propios límites y confiar la vida a Dios. Cuando eso ocurre, añade, cambia también lo cotidiano, desde la fidelidad a los amigos y el respeto a quien piensa distinto hasta la atención al que está solo, la cercanía a los más débiles y «el modo en el que se comportan en el mundo digital».
Rumbo a Seúl
En la parte final, León XIV anticipa que en Seúl los jóvenes experimentarán la universalidad de la Iglesia y la acogida de la Iglesia en Corea, y les pide que no reduzcan la preparación a la logística. «No preparen sólo las cosas prácticas para el viaje a Seúl, ¡preparen sus corazones!», escribe. Los invita además a llevar a Cristo las heridas de sus sociedades y de sus países, así como el grito de la tierra y de los pobres, que, recuerda, el papa Francisco enseñó a escuchar.
El mensaje concluye con las palabras con las que san Juan Pablo II inició su pontificado, «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!», que León XIV hace suyas. El texto está firmado el 22 de octubre, día en que la Iglesia celebra la memoria del Papa que instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud.





