El Santo Padre se ha adentrado en la constitución dogmática para proclamar que Cristo nos llama a una amistad «que realiza una comunión entre las personas», en el nuevo ciclo de catequesis sobre el Vaticano II
En una mañana marcada por el entusiasmo de los fieles congregados en el Aula Pablo VI, el papa León XIV ha proseguido con el inicio de un nuevo ciclo de catequesis centrado en los documentos del Concilio Vaticano II. En esta primera meditación de la audiencia general, el Santo Padre se ha adentrado en la constitución dogmática sobre la divina revelación Dei Verbum, a la que ha definido como uno de los textos más bellos de toda la asamblea conciliar.
El Pontífice ha comenzado su catequesis situando el núcleo de la fe cristiana en el cambio de nuestra relación con el Creador. A este respecto, León XIV ha recordado que «Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad». Apoyándose en las palabras del Evangelio de Juan y en la lectura de san Agustín, ha señalado que, aunque existe una asimetría natural entre Dios y sus criaturas, «Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo». Esta semejanza, según ha explicado, no es fruto de la transgresión, sino de la gracia que nos permite ser hijos en el Hijo.
Uno de los puntos más profundos de la meditación ha sido la distinción entre la verdadera comunicación y el ruido superficial. El Sucesor de Pedro ha manifestado que «la revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas». En este sentido, ha subrayado la diferencia entre la palabra y la charla, puntualizando que «esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas». Mientas que, para Dios, la palabra es una dimensión reveladora que busca crear un vínculo de alianza con cada ser humano.
Y, como no podía ser de otra forma, la catequesis también ha tenido una vertiente práctica dirigida a la vida espiritual de los creyentes. León XIV ha insistido en que la amistad con el Señor debe cultivarse a través de la escucha y la oración, tanto litúrgica como personal. Sobre la importancia de este diálogo íntimo, el Papa ha asegurado que «solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él» y ha advertido, asimismo, sobre el peligro de la indiferencia, pues las amistades pueden desgastarse no solo por rupturas bruscas, sino por desatenciones cotidianas.
Al concluir la audiencia, el Santo Padre ha exhortado a los peregrinos con las siguientes palabras: «Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación». Con un saludo especial a los fieles de lengua española, el Papa ha reafirmado que esta amistad es la fuente verdadera de gozo y paz para el corazón humano.








