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León XIV se pregunta en Madrid si Europa sería la misma sin la huella de la fe: «¡Abrid las puertas a Cristo!»

En el encuentro con el mundo de la cultura, la economía, la educación y el deporte en el Movistar Arena, León XIV ha hecho una llamada fuerte al «diálogo social»

En su llamada apostólica a alzar la mirada, Madrid, esta tarde, ha pasado incluso a entrelazarla. En el corazón del barrio de Salamanca de la capital, el Movistar Arena —antiguo Palacio de los Deportes, un espacio con ecos de canastas y graves conciertos que se ha sosegado esta tarde como ágora espiritual— se ha transformado en un inmenso telar para acoger el encuentro «Tejer Redes», una de las citas más singulares del viaje que está llevando a cabo León XIV por España.

Tras una Misa y una procesión del Corpus Christi multitudinarias —1.200.000 personas han abarrotado el centro de Madrid, según los organizadores—, el Pontífice ha convocado a los mundos de la cultura, el arte, la economía y el deporte para buscar, entre todos, un sentido compartido en una sociedad que a menudo camina fragmentada.

La atmósfera en el recinto era de una vibrante expectación. Cerca de 15.000 personas pasaron varios minutos aplaudiendo al Pontífice mientras recorría a pie el pasillo central del Movistar Arena, saludando a todo el que le acercaba la mano. El batir de palmas se prolongó incluso durante un buen rato cuando el Pontífice ya había ocupado su lugar en el escenario.

En las primeras filas, partícipes del reconocimiento, varios miembros del Gobierno: tres vicepresidentes del Gobierno —Carlos Cuerpo, Yolanda Díaz y Sara Aegesen—, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón, entre otras autoridades.

Un cariño y entrega que ha vuelto a rebosar cuando ha tomado la palabra para reiterar su propuesta de diálogo para toda la sociedad, en la que la Iglesia también juega su papel. «Consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo», ha comenzado.

«Un diálogo social», ha dicho en otra parte de su discurso, que es necesario para responder «a preguntas profundas, necesarias y que no pueden ser ignoradas». Preguntas como qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente; qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir.

En este punto, el Pontífice, en línea con el título del evento, ha traducido lo que significa tejer redes hoy. En primer lugar, ha dicho que tejer redes es un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana. Esto quiere decir que, por ejemplo, «la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin solo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero espectáculo; que el desarrollo tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a los que no tienen voz».

En segundo lugar, tejer redes es, según León XIV, crear juntos. Citando a grandes autores de la literatura española, algunos de ellos figuras insignes de la Iglesia, ha recordado el vínculo existente entre lo material y lo espiritual y que ello constituye «nuestra existencia».

Por último, ha dicho que tejer redes es «servir de modo desinteresado». En este sentido, ha recordado las grandes fundaciones —hospitales y escuelas, por ejemplo— que llevaron a cabo hombres y mujeres de fe. Y, por eso, se preguntó «si el mundo —y en particular Europa— habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia».

«No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, puede volver a reconciliarse con lo cotidiano. ¿En serio es posible creer que Europa —a la que tanto amamos— sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad? Sigue vivo el grito de mis predecesores. ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo», ha añadido.

Porque, ha explicado, Cristo devuelve al bien común el lugar que le corresponde, pues «apacigua la codicia de unos y nutre la esperanza de otros». Y, citando Magnifica humanitas, ha afirmado que la Iglesia insiste en que «las estructuras económicas e institucionales son justas solo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos».

Tras hacer un apunte particular sobre el deporte, León XIV ha hecho una invitación a ser «hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombre y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza».

Cardenal Cobo: devolver la luz a la humanidad

Previo al discurso del Pontífice, el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, ha tomado la palabra para dar la bienvenida al Santo Padre. El purpurado ha recurrido a las metáforas de la luz y el color para explicar la esencia de la jornada. «Como si de una gran vidriera se tratase, si miramos a cada uno de los cristales no encontramos el sentido del color y de la belleza, pero si alzamos la mirada y vemos el conjunto, entonces todo cobra sentido», ha señalado el también vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, subrayando que la reunión es reflejo de esa unidad necesaria.

En su mirada, el cardenal no ha querido esquivar la realidad de una época convulsa, advirtiendo de que «nuestro tiempo presenta una grieta peligrosa: la falta de preguntas y de sentido», por lo que ha definido este acto como un paso más en el diálogo que la Iglesia de Madrid quiere mantener con todos los ámbitos sociales. Para Cobo, la misión actual pasa por «unir fragmentos dispersos de la realidad —como piezas de esa gran vidriera— para devolver la luz a la humanidad», defendiendo siempre «la dignidad de cada persona, la justicia que no excluye, la fraternidad que persevera».

Y, en un gesto de honda hospitalidad, el cardenal arzobispo de Madrid ha agradecido al Papa su invitación a este «grupo diverso de buscadores», asegurando que el paso dado hoy por los asistentes no es algo efímero, sino una semilla. Su deseo, expresado con firmeza ante el auditorio, es «que este diálogo sea estilo, no instante; camino compartido», permitiendo que la Iglesia sea esa casa siempre abierta donde se anuncie la alegría del Evangelio en medio de las crisis que minan la democracia.

Antonio Banderas, «víctima del hechizo de Dios»

Uno de los momentos más emotivos de la tarde ha sido la intervención de Antonio Banderas. El actor malagueño y estrella de Hollywood, representando al mundo de la cultura, ha ofrecido un testimonio íntimo que ha conectado sus raíces andaluzas con su proyección internacional. Banderas ha comenzado recordando que «hay encuentros que no se miden solo en el tiempo, sino en su significado», agradeciendo al Papa un gesto de cercanía y escucha que la sociedad civil recibe con profunda gratitud.

Con la pasión propia de la escena, Banderas ha reivindicado la figura de Jesús de Nazaret como «el gran protagonista de la película de la vida» y el icono más representado en la historia de la creatividad humana. Para el actor, Cristo no es una imagen repetida, sino un «icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable» que ha engrandecido el mensaje de los artistas a través de los siglos.

Banderas se ha retrotraído hasta su infancia malagueña para recordar cómo el arte popular de la Semana Santa despertó en él, con solo cuatro años, una pregunta esencial: «¿Dios?». Desde entonces, ha defendido que la creación debe ser revolucionaria: «El arte ha sido —y debe seguir siendo— el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor», ha afirmado con contundencia, instando al artista a actuar con la valentía de ser una instancia crítica para la sociedad y la religión.

La creatividad es, para el malagueño, la última trinchera frente a la deshumanización tecnológica, asegurando que «el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés». Y tras citar a san Agustín ante el papa agustino —«Vosotros sois el tiempo»—, ha cerrado su intervención con una confesión personal que ha arrancado una ovación del auditorio, haciendo referencia a la obra musical que lo trajo al evento: «Santo Padre, yo estoy aquí por Godspell… Estoy hoy, aquí, confesando haber sido víctima del hechizo de Dios».

Un nuevo contrato social

El diálogo se ha ensanchado asimismo con la voz de la academia y la economía, representadas por el vicerrector de Planificación, Coordinación y Relaciones Institucionales de la Universidad Complutense de Madrid, José María Coello de Portugal, y líderes económicos y sociales como Antonio Garamendi y Unai Sordo. Desde el mundo del trabajo, se ha lanzado una proclama por un «nuevo contrato social» donde la tecnología no sustituya la dignidad. «Cuanta más tecnología tengamos, más humanidad necesitaremos», han sentenciado los portavoces de empresarios y sindicatos, subrayando que la competitividad no puede cimentarse sobre el descarte, sino sobre vínculos humanos reales.

Deporte: la fragilidad nos hace humanos

El deporte también ha reclamado su lugar en este telar de la fraternidad humana a través de Carolina Marín, leyenda del bádminton, y la nadadora paralímpica más laureada de la historia, Teresa Perales. Ambas atletas han defendido la resiliencia y el respeto al adversario como pilares de una «escuela de vida» que huye del éxito a toda costa. «Aceptar nuestra fragilidad y nuestros momentos difíciles no nos hace débiles, nos hace humanos», ha recordado Perales, mientras Marín ha concluido que «competir es crecer con el otro, nunca contra el otro», una lección de humildad necesaria para los tiempos que corren.

Esta iniciativa «Tejer Redes» se ha completado con el taconeo rotundo de Sara Baras, que ha emocionado a todo el auditorio.

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