Tal y como ha manifestado en la Eucaristía en la fiesta de la Santísima Trinidad y en el Jubileo del Deporte, promueve el valor de la colaboración, ayuda a mantener un contacto concreto y enseña a perder
El papa León XIV ha reflexionado este domingo, durante la Eucaristía de la festividad de la Santísima Trinidad y en el Jubileo del Deporte, sobre los aspectos que la actividad deportiva aportan a la formación humana y cristiana.
Ante un nutrido grupo de deportistas y responsables pastorales de este ámbito, entre ellos un grupo procedente de España, ha relacionado, en primer lugar, Trinidad y deporte. «Toda buena actividad humana lleva consigo un reflejo de la belleza de Dios, y, sin duda, el deporte es una de ellas. Después de todo, Dios no es estático, no está cerrado en sí mismo. Es comunión, relación viva entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que se abre a la humanidad y al mundo».
Así, ha reflexionado sobre tres aportaciones del deporte a la formación humana y cristiana. En primer lugar, ha dicho León XIV, el deporte «enseña el valor de la colaboración, de caminar juntos» en una sociedad marcada por la soledad, «en la que el individualismo exagerado ha desplazado el centro de gravedad del nosotros al yo».
En segundo lugar, el Pontífice ha dicho que, ante una sociedad digital, en la que las personas están cada vez más alejadas, «el deporte valora la concreción de estar juntos, el sentido del cuerpo, del espacio, del esfuerzo, del tiempo real». «Así, frente a la tentación de huir a mundos virtuales, ayuda a mantener un contacto saludable con la naturaleza y con la vida concreta, único lugar en el que se ejerce el amor».
Finalmente, el Pontífice ha dicho que el deporte enseña a perder, «poniendo a prueba al hombre en el arte de la derrota» con una gran verdad, que la fragilidad, el límite y la imperfección forma parte de la condición humana.
«Esto es importante, porque es a partir de la experiencia de esta fragilidad que nos abrimos a la esperanza. El atleta que nunca se equivoca, que no pierde jamás, no existe. Los campeones no son máquinas infalibles, sino hombres y mujeres que, incluso cuando caen, encuentran el valor para levantarse», ha continuado.
Dicho esto, ha subrayado que no es casualidad que en la vida de muchos santos contemporáneos el deporte haya tenido un lugar especial. Y ha citado a Pier Giorgio Frassati, que será canonizado el próximo 7 de septiembre
«Su vida, sencilla y luminosa, nos recuerda que, así como nadie nace campeón, tampoco nadie nace santo. Es el entrenamiento diario del amor lo que nos acerca a la victoria definitiva (cf. Rm 5,3-5) y nos hace capaces de trabajar en la construcción de un mundo nuevo», ha concluido








