Tras presidir la Eucaristía en el santuario de Santa Maria della Rotonda y el rezo del ángelus, el Papa ha compartido comida con un grupo de personas necesitadas acompañadas por la diócesis de Albano
El papa León XIV ha presidido este domingo, durante su breve estancia en Castel Gandolfo, la Misa en el Santuario de Santa Maria della Rotonda, en Albano. Desde allí, ha recordado la importancia de la acogida en la Iglesia, en la que se manifiesta la realidad divina, y la llamada a los cristianos a arriesgarse y no vivir para uno mismo, sino para los demás, para llevarles el fuego del Evangelio.
«Nuestra pobreza, nuestra vulnerabilidad y, sobre todo, los fracasos por los que podemos ser despreciados y juzgados —y en ocasiones nosotros mismos nos despreciamos y nos juzgamos— son finalmente acogidos en la dulce fuerza de Dios, un amor sin asperezas, un amor incondicional», ha afirmado el Pontífice en primer lugar.
A renglón seguido, y al hijo del Evangelio del día, cuando Jesús afirma que ha venido al mundo para traer fuego, ha invitado a todos a no vivir en función de nosotros mismos, sino para llevar este fuego al mundo. «No el fuego de las armas, ni tampoco el de las palabras que incineran a los demás. Esto no. Más bien, el fuego del amor, que se abaja y sirve, que opone el cuidado a la indiferencia y la mansedumbre a la prepotencia; el fuego de la bondad, que no cuesta como los armamentos, sino que renueva el mundo gratuitamente. Puede costar incomprensión, burlas, e incluso persecución, pero no hay mayor paz que la de tener su llama en nosotros», ha subrayado.
Con todo, ha pedido no distinguir entre el que asiste y es asistido, entre el que parece dar y el que parece recibir, pues «somos la Iglesia del Señor, una Iglesia de pobreza, todos preciosos, todos partícipes, cada uno portador de una Palabra única de Dios. Cada uno es un don para los demás».
Y ha continuado: «Derribemos los muros. Agradezco a quienes trabajan en cada comunidad cristiana para facilitar el encuentro entre personas distintas por su procedencia, por su situación económica, psicológica, afectiva. Solo juntos, solo siendo un único cuerpo en el que aun el más frágil participa en plena dignidad, seremos el Cuerpo de Cristo, la Iglesia de Dios».
En este punto, León XVI ha insistido en no dejar al Señor fuera de nuestras iglesias, de nuestras casas y de nuestra vida. «Más bien dejémoslo entrar en los pobres, y entonces haremos paz también con nuestra pobreza, a la que tememos y negamos cuando buscamos a toda costa tranquilidad y seguridad».
Finalizada la Eucaristía y tras el rezo del ángelus, León XIV ha mostrado cercanía con las poblaciones de Pakistán, India y Nepal, afectadas por aluviones, y a reiterada su llamada a rezar por la paz y para que los esfuerzos para que cesen las guerras lleguen a buen puerto.
Asimismo, se ha congratulado por las numerosas noticias de muchas y variadas iniciativas de evangelización, organizadas con frecuencia en los lugares de vacaciones. «Es hermoso ver como la pasión por el Evangelio estimula la creatividad y el compromiso de grupos y asociaciones de todas las edades», ha concluido
Almuerzo con los pobres
Para cerrar la mañana, el Pontífice ha compartido comida con pobres acompañados por la diócesis de Albano. «Cada uno de nosotros representa esa imagen de Dios, y cuán importante es recordar siempre que encontramos esta misma presencia de Dios en cada uno de nosotros. Estar reunidos aquí esta tarde, en este almuerzo, es vivir juntos con Dios, en esta comunión, en esta fraternidad», les ha dicho.








