Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Bajo el fuego en el Líbano

El padre Elie, sacerdote libanés que vive en Roma, recuerda al padre Pierre El Rahi, fallecido esta semana tras un bombardeo del ejército israelí

Tengo la inmensa suerte de compartir amistad con un sacerdote de rito maronita. Es del Líbano, pero ahora está estudiando en Roma; se llama Elie.

Hace unos días, en un bombardeo al sur del país, un hermano suyo murió. No un hermano de sangre, sino un hermano de fe, de altar, de manos consagradas. El padre Pierre El Rahi, párroco maronita de Qlayaa, un pueblo cristiano en el sur del Líbano, perdió la vida el 9 de marzo tras resultar herido cuando corría a socorrer a sus feligreses en medio de un bombardeo. El padre Elie le conocía; habían compartido tres años de misión pastoral.

Para hacernos una idea de lo que ocurre en Líbano, tenemos que pensar en los países de alrededor. Ante cualquier amenaza, suenan las alarmas antiaéreas y así la población puede correr a refugiarse, pero… en Líbano no hay alarmas ni sirenas antiaéreas. No hay infraestructura de guerra para los civiles.

El padre Elie es sacerdote de rito maronita. / Cedida

Father Elie, ¿cómo se puede saber con antelación si va a producirse un bombardeo?
—La única manera de saber que ha caído una bomba es por el móvil, por los grupos de WhatsApp de la familia, por los canales de Telegram. La gente está siempre pendiente del teléfono, buscando información, intentando saber dónde va a caer la próxima.

En el sur del Líbano se vive peor. Allí, la decisión de muchas comunidades cristianas ha sido quedarse. No huir. Quedarse con los ancianos, con las casas, con las parroquias. Una decisión que al padre Elie le parece al mismo tiempo incomprensible y absolutamente lógica. «Nuestra misión es ser cristianos en Oriente Medio. Sabemos que no es fácil. Pero es nuestra vocación», afirma.

El padre Pierre El Rahi llevaba años con la misma frase en el estado de su WhatsApp. No era una cita bonita, elegida al azar. Era una declaración de intenciones: «Querido Jesús, hazme recordar siempre a quienes murieron por ti antes que yo. Hazme fiel a tu Palabra, a tu Iglesia. Estoy dispuesto a morir como mártir por ti y por tu pueblo».

El 9 de marzo, cuando estalló una bomba cerca de la parroquia de San Jorge en Qlayaa, el padre Pierre salió a ayudar a los heridos. Cayó un segundo ataque. Murió poco después en el hospital.

Evidentemente, una afirmación así no es fruto de la improvisación, sino que lleva detrás muchas horas de abnegación y de oración. El padre Elie lo confirma: «No lo escribió el día que lo mataron, lo llevaba así desde hacía tiempo. Eso dice mucho de quién era».

Este sacerdote había estudiado Derecho, y también había servido a su diócesis como juez eclesiástico. Por tanto, era amante de la verdad y la justicia, y la guerra contra los inocentes nunca puede ser justa. Ese día, el ejército israelí emitió advertencias de evacuación para el sur del Líbano, pero él no se movió. ¿Por qué? No era la primera vez que le tocaba vivir una guerra, y no iba a abandonar a su pueblo.

El miércoles 11 de marzo, sonaban las campanas de despedida en Qlayaa. Se celebraban sus funerales, mientras en el centro de la cristiandad, desde la Plaza de San Pedro, el papa León XIV le recordó en la audiencia general. Se paró en una coincidencia, mejor una «providencia», el significado de su apellido. Al-Rahi, en árabe, significa «el pastor». El Papa dijo: «Fue un verdadero pastor, siempre al lado de su pueblo con el amor y el sacrificio de Jesús, el Buen Pastor». Y pidió que su sangre se convirtiera en semilla de paz para el Líbano.

Le pregunto al padre Elie cómo se mantiene en pie la fe cuando todo se derrumba a tu alrededor. Es fácil creer cuando todo va bien, pero si va mal, ¿Cómo saca fuerzas? No busca la respuesta fácil. Con aplomo, sabiendo el peso de cada palabra que dice, con una gravedad sacerdotal que sus años no explican pero su fe sí, responde: «Jesucristo no dijo que si creemos en él no tendremos problemas. Lo que dijo fue otra cosa: que en toda situación, incluso en la peor, Él está ahí para calmar la tormenta». 

Hay una imagen suya que no se olvida fácilmente: la del niño pequeño que, cuando tiene miedo, corre hacia su padre o su madre. «Para nosotros los cristianos es lo mismo. Cuando perdemos la seguridad, corremos hacia Dios. Él es nuestro refugio. Eso no nos lo quita nadie».

Incluso, añade, la guerra puede ser un lugar para encontrar a Dios. «Dios siempre está trabajando, también ahí. Siempre está presente, ayudándonos a descubrirle incluso en los momentos más difíciles».

Dos peticiones

Antes de terminar, el padre Elie pide dos cosas a todos los lectores.

Primera: creer en la oración. «Si todos los católicos del mundo rezamos juntos por la paz, Dios puede ablandar los corazones de quienes tienen en sus manos parar esto. Para él nada es imposible».

Segunda: no dejar de escuchar. «Los cristianos de Oriente Medio están perdiendo fuerzas. Tenemos la obligación de ser su voz. De no mirar para otro lado». Y esa es nuestra obligación: que todos escuchen esas voces que gritan a la indiferencia de Occidente.

La pregunta que nos queda a nosotros, desde la comodidad de nuestras casas sin bombas, es sencilla y urgente: ¿somos su voz?

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now