Seguimos caminando juntos con Cristo y, después de la convocatoria del Sínodo Diocesano, el primero del siglo XXI y también el primero que una diócesis del mundo convoca tras el Sínodo de la sinodalidad de Roma, se nos invita a un camino de conversión, de volver al Corazón. Primero, al Corazón de Cristo para que nuestro corazón por la escucha de la Palabra de Dios, por la adoración eucarística y por el servicio a los pobres, haga que nuestro corazón se transforme, para que nos tomemos en serio la santidad, el bautismo, para ser testigos de la misericordia del Señor en el mundo.
- Una cuaresma en clave sinodal. Tenemos que caminar juntos en las parroquias, unidos a Cristo, para que toda conversión sea expresión de la comunión, como ocurría con los primeros cristianos que se decía de ellos: «mirad como se aman».
Potenciemos esta cuaresma las celebraciones comunitarias de la penitencia con una colecta al final, donde los que deseen puedan colaborar con la limosna penitencial. Recomendada por toda la Iglesia, en su liturgia penitencial, tiene esta expresión de limosna para los sufrientes.
Esta limosna penitencial es un signo del servicio a los pobres de toda la Iglesia que camina en Toledo y que desea que, lo mismo que pide perdón comunitario, también como familia, como Iglesia, fruto de esa conversión, es la limosna penitencial, para expresar también como comunidad que mira desde el Corazón de Cristo, con ojos de fe, esto es la conversión. A una humanidad que sufre y tiene heridas que sólo se puede se pueden curar con el bálsamo de su misericordia en nuestra comunidad. - Una cuaresma para escuchar y escucharnos. A través de la oración, el ayuno y la limosna, vamos escuchando el latido del corazón de Cristo que nos habla a través de su Palabra, la Eucaristía, los sacramentos, la vida. Nos lanzamos a escuchar con el ayuno, para vivir el silencio, la acogida, para acoger la ternura del que hace que nuestro corazón sea transportado para vivir «con los sentimientos del Corazón de Cristo». No existe camino de cuaresma sin escuchar al Señor y escucharnos, si queremos un camino juntos con Cristo.
- La limosna penitencial para el Hogar 2000. Surgió como una iniciativa del cardenal don Francisco Álvarez Martínez y como signo jubilar del año 2000. Quería una atención para los enfermos de VIH que viven en todas las periferias de pobreza, enfermos crónicos, etc.
A través de Cáritas, el Hogar 2000 es hoy una de las obras sociales, desde el evangelio, más cuidadas de la archidiócesis de Toledo, con el deseo de cumplir lo que significa transformar el mundo según el Corazón de Dios.
Todos los que en este tiempo de cuaresma os acercáis a recibir el sacramento de la penitencia, en celebraciones personales o comunitarias, podéis aportar esa limosna con el fin de ayudar a esta gran obra de la Iglesia diocesana que sirve a los pobres, los más pobres de los pobres, que son los que viven sumergidos en la noche de las drogas, de las toxicomanías, de la enfermedad, de no tener un techo donde cobijarse en medio de tantas necesidades.
Seamos muy generosos en esta primera limosna penitencial que la Iglesia que camina en Toledo quiere vivir desde un caminar todos juntos, para comenzar a vivir esa conversión personal, comunitaria y pastoral, que pasa sin lugar a dudas por el bolsillo, por la generosidad con los que sufren.
Pedimos a María, seguidora y discípula de Cristo, que vivamos compartiendo para sembrar esperanza.







