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Llamados para la Misión

Este domingo celebramos el Día de la Iglesia Diocesana

La jornada de la Iglesia diocesana es, un año más, ocasión para describir la vida de la archidiócesis de Toledo y preguntarnos cómo será nuestro caminar en los próximos años; desde el inicio de mi pontificado como arzobispo vuestro he trabajado para que seamos una Iglesia transparente y para que los recursos que tenemos estén al servicio de los pobres y de la evangelización.
Cada uno de los miembros del Pueblo de Dios hemos recibido una llamada de Señor en el bautismo. Y es tarea todos crear el ambiente donde todos podamos responder al plan que Dios tiene sobre nosotros y sobre nuestra Iglesia particular. Presento brevemente tres claves que nos pueden ayudar en la escucha y la respuesta a la vocación de cada.
La primera clave es la gratitud. Sí, vivimos agradecidos a Dios por el don de la fe y la llamada que nos ha hecho a cada uno de los bautizados a ser piedras vivas de su Iglesia. Y estamos agradecidos a todos aquellos que generosamente se gastan y desgastan en los duros trabajos del evangelio: sacerdotes, vida consagrada, fieles laicos. Todos somos importantes y todos somos necesarios. Cada uno está llamado a aportar los dones que ha recibido del Señor al servicio de la Iglesia y de los hermanos. Este Día de la Iglesia Diocesana es ocasión para agradecer el trabajo coral que da vida a nuestra comunidad diocesana.
La segunda clave es la esperanza, peregrinos de esperanza, vivimos con la mirada en Jesús, que inició y completa nuestra fe. Esta mirada es una llamada a reflexionar juntos sobre el futuro de nuestra archidiócesis. Todos sabemos que el futuro está en manos de Dios, pero también reconocemos que el Señor llena nuestra vida con su gracia y nos llama a dar razón de nuestra esperanza. Esta saber dar razón de nuestra esperanza es el motivo que me mueve para convocar el próximo adviento un sínodo diocesano. Este camino sinodal será la ocasión para escuchar la Palabra de Dios, para escuchar a nuestros hermanos y preguntarnos cómo podemos ser fieles cada uno a nuestra vocación y así responder desde la fe a los desafíos de este cambio de época y hacer brillar entre nuestros coetáneos la luz de la fe.
La tercera clave es la alegría. Sí, el gozo que brota de aquellos que han conocido el amor de Dios y han creído en él. Esta alegría que nace de un corazón que busca responder a la llamada de Dios, que quiere entregar su vida al servicio del evangelio y quiere llegar a eso que el Papa ha llamado las periferias existenciales, es decir, nuestra Iglesia quiere llegar al corazón de cada uno de nuestros hermanos y recordarles con nuestra vida y nuestra palabra que Cristo vive y tiene un plan para cada uno de nosotros.
Termino agradeciendo a todos los que de una u otra forma hacen posible la vida de nuestra diócesis, a todos aquellos que colaboráis con vuestro tiempo, vuestro trabajo y con vuestras aportaciones. Todos hemos recibido una llamada de Dios, y queremos que en nuestra diócesis todos encontremos los medios para responder con alegría a los dones que el Señor nos ha regalado.

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