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Los Cursos de Verano de la HOAC denuncian la hiperconectividad que esconde «una profunda desconexión» humana

Alrededor de 200 participantes en las jornadas tituladas «Tejer comunidad en la era digital: el compromiso por el bien común» celebraron ayer una solemne Eucaristía en la Almudena

Los Cursos de Verano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) se convirtieron ayer en toda una reivindicación que ha querido lanzar un mensaje nítido a la sociedad española: la tecnología no puede constituirse en el nuevo dios. Alrededor de 200 participantes en las jornadas tituladas «Tejer comunidad en la era digital: el compromiso por el bien común» se congregaron ayer jueves en la catedral de la Almudena para celebrar una solemne Eucaristía, antes de protagonizar un potente gesto público en defensa de la dignidad humana frente al avance de la inteligencia artificial y el paradigma tecnocrático.

El obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín, presidió la Misa en la Almudena, que sirvió para asentar las bases éticas sobre las que tiene que pivotar el diálogo entre tecnología y trabajo. En su homilía, fue contundente al advertir sobre los riesgos de un progreso deshumanizado, pues «cuando la economía y la tecnología ocupan el lugar de Dios», se corre el riesgo de instrumentalizar la vida y convertir a los seres humanos en «simples números, instrumentos de consumo, seres descartables».

Para el prelado, el desafío actual no es ni mucho menos algo técnico, sino profundamente moral. «La inteligencia artificial y la transformación digital solo tienen sentido si están al servicio de las personas y del trabajo», afirmó con rotundidad, señalando que la hiperconectividad digital a menudo esconde una «profunda desconexión humana» que alimenta el aislamiento y la polarización. Martín instó a los presentes, especialmente a la militancia de la HOAC, a ser «artesanos de la fraternidad» y a «denunciar y alzar la voz por aquellos cuyas voces, una y otra vez, son silenciadas y marginadas en la economía digital».

Tras la Eucaristía, los actos se trasladaron a las puertas del templo. En un gesto cargado de simbolismo y belleza plástica, los asistentes representaron una escena inspirada en «las espigadoras» de la zarzuela La rosa del azafrán, con el propósito de mostrar cómo la irrupción de la inteligencia artificial altera la vida cotidiana, para concluir con una propuesta de integración tecnológica que respete el cuidado de la creación y la centralidad de la persona.

Al término de esta escenificación, se leyó un manifiesto donde los trabajadores cristianos reclamaron su derecho a gobernar la tecnología. «El verdadero progreso no depende únicamente de los avances tecnológicos, sino de las decisiones éticas, sociales y políticas que tomemos como sociedad», subrayaron, advirtiendo que, sin control humano, la IA puede «precarizar el trabajo, sustituir relaciones humanas por algoritmos y convertir a demasiadas personas en descartables». Citando la encíclica Magnifica humanitas, recordaron que «la tecnología solo será verdaderamente inteligente cuando esté al servicio de la humanidad y del bien común».

La jornada de ayer, con la Eucaristía y la mencionada performance, ha sido uno de los puntos fuertes de unos cursos que comenzaron el miércoles y que están sirviendo de puente entre la Iglesia y el sindicalismo, con líderes de UGT y USO compartiendo mesa con representantes eclesiales bajo el diagnóstico común de que la tecnología no es neutra. La presidenta de la HOAC, Paloma Becerra, ha definido las jornadas como un «espacio imprescindible de resistencia y discernimiento», donde se reivindica que «el futuro no puede construirse contra las personas, sino con ellas».

La convergencia es tal que desde UGT se ha revelado la difusión de la encíclica Magnifica humanitas entre sus afiliados, al considerar que sus propuestas sobre transparencia algorítmica «coinciden plenamente» con las reivindicaciones sindicales. Tras días de intensa reflexión y ponencias marco como la del sociólogo Sebastián Mora —quien llamó a sembrar humanidad frente a la «fría lógica de la eficacia»—, los cursos encaran hoy su recta final. Este viernes se dedicará a la síntesis de los retos planteados en los espacios de diálogo sobre ecología integral, posverdad o transhumanismo.

La clausura correrá a cargo de Paloma Becerra, tras la lectura de un comunicado final por parte de Ángel Aguas, responsable general de Difusión, y una oración de envío presidida por el consiliario general, Jorge Hernández. Se cerrará así una semana donde los trabajadores cristianos han dejado claro que, frente al imperio de la máquina, la apuesta sigue siendo la «antropología del cuidado» y el compromiso firme por un trabajo que siga siendo fuente de esperanza y dignidad.

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