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Los jóvenes, esperanza de la Iglesia y del mundo

El pasado sábado 17 de mayo tuvo lugar el II Encuentro de Cristianos en la Vida Pública de nuestra Provincia Eclesiástica en la sede de la Asamblea de Extremadura en Mérida, organizado por las Delegaciones episcopales de Apostolado Seglar de Mérida-Badajoz, Plasencia y Coria-Cáceres. La jornada se centró en los jóvenes de nuestra tierra, bajo el lema «La juventud extremeña: retos y oportunidades».

El encuentro comenzó con una Mesa Redonda, en la que, desde distintos puntos de vista, se pusieron de manifiesto las potencialidades y las necesidades de los jóvenes: su curiosidad y pasión, su poder transformador y sus exigencias a la Iglesia y a la sociedad, el problema de la vivienda sometida a la especulación, el desempleo, la importancia de la familia y la formación…

Seguidamente el poeta, novelista y crítico malpartideño Diego Doncel pronunció la magnífica ponencia “Apostar por la esperanza”, un canto poético a nuestra tierra y una invitación a comprometernos con ella. Habló de una Extremadura llena de héroes anónimos, hecha para jóvenes que crean en sí mismos más allá de las dificultades. Entre los jóvenes de hoy ya están –nos dijo– los Martín Luther King y las Teresa de Calcuta que marcarán la diferencia en nuestros días. A la Iglesia nos planteó el reto de sembrar en las personas la semilla del amor, de construir altares de esperanza y de abrir la puerta del corazón de los jóvenes. Espero que comparta su contenido y pueda llegar a todos porque realmente es muy inspirador y sugerente.

El encuentro ha tenido lugar en este tiempo pascual en que celebramos la resurrección de Jesús. Él es quien cambia nuestros lutos en danzas, nuestras crisis en oportunidades, nuestras dificultades en oportunidades, nuestras pobrezas en posibilidades de crecimiento, nuestras dudas en decisiones, nuestros problemas en retos. Este encuentro ha sido una forma magnifica de celebrar la resurrección para no quedarnos solo en lamentos.

En el trasfondo de nuestra reflexión también teníamos el Año Jubilar de la Encarnación que nos pone en camino como peregrinos de esperanza, para que podamos transformar, a la luz del evangelio, los signos de los tiempos en motivos de esperanza. Los signos de los tiempos son todas aquellas situaciones que desafían el corazón humano y en los que descubrimos la intervención salvífica de Dios.

El Papa Francisco, cuando convocó el Jubileo, decía: “También necesitan signos de esperanza aquellos que en sí mismos la representan: los jóvenes. Ellos, lamentablemente, con frecuencia ven que sus sueños se derrumban. No podemos decepcionarlos; en su entusiasmo se fundamenta el porvenir… Por eso, que el Jubileo sea en la Iglesia una ocasión para estimularlos. Ocupémonos con ardor renovado de los jóvenes, los estudiantes, los novios, las nuevas generaciones. ¡Que haya cercanía a los jóvenes, que son la alegría y la esperanza de la Iglesia y del mundo!”.

Este encuentro ha sido una llamada de atención a la Iglesia extremeña para que no nos cerremos en nosotros mismos, en nuestras actividades internas, y tengamos la mirada amplia para contemplar las necesidades reales de los jóvenes, de todos los jóvenes, con los que tenemos contraída la responsabilidad misionera ineludible de sembrar esperanza, de construir fraternidad y unidad, en los diferentes ambientes donde luchan por abrirse paso y construir un mundo mejor y una humanidad nueva.

Los cristianos no somos propietarios ni destinatarios exclusivos y excluyentes del evangelio y de las promesas de Dios. Somos –a lo más– germen y principio, signos e instrumentos del Reino de Dios en este mundo en la medida en que sepamos dar razón de nuestra fe y esperanza en nuestra sociedad.

Con mi bendición,

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