La muerte del Papa Francisco —aunque sabíamos de su fragilidad— nos ha sorprendido, creando en nuestro corazón un dolor profundo. La paternidad de quien era «el dulce Cristo en la tierra» hacía nacer en nosotros el sentimiento de filiación; lo cual, en el caso de su traspaso, nos hace sentir huérfanos de aquél que nos ha acompañado y amado, con su hacer de buen pastor y buen maestro.
Por eso, con motivo del deceso de Francisco, papa, no podemos sino hacer memoria agradecida de todo el bien que ha hecho a la Iglesia y al mundo entero, así como también debemos orar por su eterno descanso, a fin de que la misericordia divina la acoja en su reino. la Iglesia se vivió este tiempo de gracia como un gran regalo del Santo Padre.
Su pontificado ha estado marcado por muchos acentos, señaladamente haciéndose él, en primera persona, portavoz y defensor de los pobres, descartados, migrantes, cosa ya indicada con el nombre que escogió como pontífice: «Francisco». Su magisterio nos habla de cuál ha sido su pontificado. En la exhortación apostólica Evangelii gaudium llamaba a toda la Iglesia a centrarse en lo que en ella es esencial: la evangelización. La Iglesia existe para evangelizar y todo debe estar al servicio de su misión y no de la autopreservación. Tres han sido sus grandes encíclicas -la encíclica es, dentro del magisterio ordinario del Papa, la que tiene el grado de mayor consideración-, donde se refleja lo que llevaba en su corazón de pastor de la Iglesia universal.
En la Laudato se exponía la importancia del cuidado de la casa común, la creación que Dios ha hecho para manifestar su gloria y, en ésta, para la vida del hombre. Exponía el concepto de «ecología integral», que pone a la persona humana, y principalmente a los pobres, como centro de toda opción social y ecológica. La Fratelli tutti muestra la urgencia de nacer entre todos los hombres la fraternidad universal, más allá de ideologías, religiones, sistemas políticos y culturales. Su última encíclica, entregada el pasado octubre, lleva por título Dilexit nos y trata sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo. En esta enseñanza se retrata lo que había en el corazón del Papa: el amor a Jesucristo, y cuál ha sido la misión que él ha realizado durante toda su existencia: «una cuestión de amor» (núm. 208).
+ Romano Casanova. Obispo de Vic







