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Nuevas respuestas valientes a la llamada de Dios

Queridos diocesanos,
querida Iglesia de Urgell

Vivir el Evangelio en el mundo de hoy es un reto apasionante. En medio de una sociedad a menudo marcada por la incertidumbre y la inmediatez, el Señor sigue caminando a nuestro lado y llamando a hombres valientes a dejarlo todo para seguirle y servir a los demás. Esta es una gran noticia que debe llenarnos de alegría y de esperanza.

Hoy damos gracias a Dios por la ordenación diaconal del seminarista Mateo Arias en la Parroquia de San Miguel de Vielha, y también por las recientes ordenaciones sacerdotales de Mn. José Edinson y de Mn. Gilbert Bea el día de San Ot, así como por la ordenación diaconal del seminarista Carlos Rosas el pasado domingo.

Los nuevos sacerdotes y diáconos que se incorporan a nuestra Iglesia diocesana son un inmenso regalo para todos nosotros. Ellos son los encargados de llevarnos los sacramentos, de acompañarnos en los momentos de dolor y de celebrar la Eucaristía. Pero, por encima de todo, están llamados a ser la imagen viva de Cristo Servidor, haciéndose cercanos a los más débiles, a los enfermos y a quienes sufren la pobreza y la soledad. Un sacerdote es, esencialmente, alguien que se entrega y se desgasta por quienes no tienen voz.

El ministerio de un presbítero no es una tarea solitaria; necesita el calor de todo el pueblo de Dios. Como nos recordaba sabiamente san Ambrosio, uno de los grandes Padres de la Iglesia: «El pastor no camina solo; la oración de la Iglesia lo sostiene, y la fe del pueblo es su verdadera corona y fortaleza».

Puesto que se trata de una misión tan hermosa y exigente, os invito a todos, desde los más mayores hasta los más jóvenes, a convertiros en una red viva de oración y de apoyo a los sacerdotes de vuestras parroquias. Oremos por nuestros nuevos sacerdotes y diáconos: para que el Señor les conceda la sabiduría, la santidad, la prudencia y la fortaleza necesarias para ser pastores llenos de humildad y misericordia, y para que encuentren siempre en nosotros el calor de una familia.

Os animo a encomendarles cada día y a hacer de nuestras parroquias verdaderos hogares acogedores. Mostrémosles el entusiasmo de formar una Iglesia viva, cercana y unida en el amor de Cristo. Y preguntémonos: ¿qué quiere Dios de mi vida?

Que María, Madre de los pastores, guíe los pasos de nuestros nuevos presbíteros y diáconos, y proteja a todas las comunidades cristianas de nuestra querida Iglesia de Urgel.

Con el compromiso de trabajar para que muchos jóvenes puedan responder a la llamada de Dios para servirle en nuestros pueblos y comunidades cristianas, recibid la bendición de vuestro obispo y servidor,

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