Ante las autoridades y la sociedad civil del país, critica la lógica extractiva, que acapara recursos naturales, que provoca «sufrimiento, muertes, catástrofes sociales y ambientales»
El papa León XIV inició este sábado la tercera etapa de su periplo por el continente africano. Lo hizo en Luanda, capital de Angola, donde su primer encuentro fue con autoridades, cuerpo diplomático y sociedad civil. Ante ellos proclamó que «África es para el mundo entero una reserva de gozo y esperanza».
En opinión del Pontífice, África necesita urgentemente superar las situaciones y los fenómenos de conflicto y enemistad que desgarran el tejido social y político de muchos países, alimentando la pobreza y la exclusión. «Solo a través del encuentro florece la vida. Primero está el diálogo. Aunque esto no excluya el desacuerdo, que puede convertirse en conflicto», recalcó.
Denuncio los «intereses preopotentes» que quieren acaparar los recursos naturales del país. «Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántas catástrofes sociales y ambientales trae consigo esta lógica extractiva! Ya vemos en todas las latitudes cómo ella alimenta un modelo de desarrollo que discrimina y excluye, pero que aun así pretende imponerse como el único posible», afirmó.
Así, lanzó un mensaje muy concreto a las autoridades del país: «Angola puede crecer significativamente si, ante todo, ustedes, quienes ostentan el poder en el país, creen en su riqueza multifacética. No teman el desacuerdo, no apaguen las aspiraciones de los jóvenes ni los sueños de los ancianos, y sepan gestionar los conflictos, transformándolos en oportunidades de renovación. Antepongan el bien común al interés particular, sin confundir jamás la parte de ustedes con el todo. La historia les dará la razón, incluso si algunos les son hostiles en el futuro inmediato».
Del mismo modo, dijo que la sabiduría de un pueblo no puede ser extinguida por ideologías y que el deseo de infinito que habita el corazón humano tiene una capacidad de transformación social más profunda que cualquier programa político o cultural.
Puso encima de la mesa la voluntad de la Iglesia católica para contribuir al fomento de un modelo justo de convivencia y a la superación de la «esclavitud impuesta por élites con riquezas desmedidas y falsas alegrías».
«Solo juntos podremos multiplicar los talentos de este maravilloso pueblo, incluso en las periferias urbanas y las regiones rurales más remotas, donde palpita su vida y se forja su futuro. Eliminemos los obstáculos al desarrollo humano integral, luchando y esperando junto a aquellos a quienes el mundo ha descartado, pero que Dios ha elegido», concluyó.








