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Parolin, en el 7 de octubre: «Es inaceptable reducir a personas a víctimas colaterales» en Gaza

El secretario de Estado vaticano concede una entrevista al Observatorio Romano donde repasa la situación bélica en Tierra Santa y hace un llamamiento a la comunidad internacional

El secretario de Estado, Pietro Parolin, condena la «espiral de odio» y la «impotencia» de la comunidad internacional a dos años de los atentados terroristas del 7 de octubre, y exige respeto a la proporcionalidad en el ejercicio de la legítima defensa, así como el fin de los bombardeos en campos de refugiados y hospitales.

Así lo ha manifestado en una entrevista con los medios vaticanos, con motivo del segundo aniversario del ataque de Hamás contra población civil en Israel. Durante la conversación, Parolin exige, por un lado, la liberación inmediata de los rehenes, mientras, por el otro, denuncia que la comunidad internacional no puede limitarse a decir que lo que ocurre en Gaza es «inaceptable» y luego permitir que «siga ocurriendo».

La entrevista, realizada por Andrea Tornielli y Roberto Paglialonga, aborda la «auténtica guerra que ha arrasado la Franja de Gaza» tras el atentado terrorista. Recordando los trágicos eventos que sucedieron al final de la fiesta de Sucot, el cardenal repite la condena inicial y continuada de la Santa Sede, calificando el ataque perpetrado por Hamás y otras milicias contra civiles como «inhumano e injustificable». La violencia contra niños, mujeres, jóvenes y ancianos fue, a su juicio, una «masacre indigna».

Respecto a los rehenes israelíes que permanecen cautivos, Parolin manifiesta su profunda tristeza y conmoción por las imágenes de estas personas en túneles y «reducidas a la inanición». La Santa Sede sigue pidiendo su liberación inmediata, y recuerda que el papa Francisco realizó no menos de 21 llamamientos públicos, continuados por su sucesor, León XIV, para que se ponga fin al sufrimiento terrorista de estas personas. El Cardenal vuelve a mostrar su cercanía y la de toda la Iglesia a las familias de los rehenes, rezando diariamente por ellas y ofreciendo hacer «todo lo posible para que puedan volver a ver sanos y salvos a sus seres queridos, o al menos recuperar los cuerpos de los que fueron asesinados».

En lo referente a la situación en Gaza, Parolin señala que esta resulta «aún más grave y trágica que hace un año», con una guerra que se ha cobrado «decenas de miles de vidas». Si bien reconoció el derecho a la legítima defensa de los agredidos, subraya que «incluso la legítima defensa debe respetar el parámetro de la proporcionalidad». Lo que más sigue impresionando y apenando al secretario de Estado vaticano es el recuento diario de muertos, incluidos «tantos niños cuya única culpa parece ser la de haber nacido allí». Y advierte sobre el peligro de «acostumbrarnos a esta carnicería».

En su mensaje más contundente, el cardenal afirma que es «inaceptable e injustificable reducir a los seres humanos a meras “víctimas colaterales”». Denuncia que las personas están muriendo mientras buscan pan, y que son sepultadas bajo escombros o bombardeadas en hospitales y campos de tiendas de campaña.

En este contexto, Parolin se muestra crítico con la respuesta global, señalando que la guerra israelí «no tiene en cuenta que se enfrenta a una población mayoritariamente indefensa», y lamenta que la comunidad internacional sea «desgraciadamente impotente», entre otras cuestiones porque los países con capacidad de influir no hayan actuado para detener la «carnicería».

Además de denunciar esta pasividad, Parolin sugiere que la comunidad internacional debe plantearse «serios interrogantes sobre la legalidad, por ejemplo, de seguir suministrando armas que se utilizan a costa de la población civil». Aunque las Naciones Unidas no han logrado detener lo que está ocurriendo, el cardenal insiste en la necesidad de «dar a la ONU un papel más eficaz».

Llegados a este punto, Parolin recuerda las palabras del papa León XIV el pasado 20 de julio, quien pidió a la comunidad internacional que «observe el derecho humanitario y respete la obligación de proteger a los civiles, así como la prohibición de los castigos colectivos, del uso indiscriminado de la fuerza y de los desplazamientos forzosos de la población».

El secretario de Estado vaticano también aborda el aumento del antisemitismo a nivel global, calificándolo de «consecuencia triste e igualmente injustificada» que se alimenta de fake news y simplificación de la realidad. Parolin afirma que el antisemitismo es un «cáncer que hay que combatir y erradicar», y llama a no olvidar la Shoah. Asimismo, advierte contra la «perversa cadena del odio», insistiendo en que «ningún judío debe ser atacado o discriminado por ser judío, ningún palestino por serlo debe ser atacado o discriminado».

Respecto al camino hacia la paz, la Santa Sede apoya cualquier plan que «implique al pueblo palestino en las decisiones sobre su futuro» y permita detener la matanza y liberar a los rehenes. El cardenal reafirmó la postura histórica del Vaticano: la solución es «dos pueblos en dos Estados». En este sentido, Parolin lamenta que, si bien la Santa Sede reconoció oficialmente el Estado de Palestina hace diez años, las declaraciones y decisiones israelíes parecen ir en la dirección contraria, «es decir, pretenden impedir para siempre el posible nacimiento de un verdadero Estado palestino».

Finalmente, subraya la importancia de la movilización de la sociedad civil, pues, aunque estas iniciativas a veces corren el riesgo de enviar un mensaje equivocado, le llama «positivamente la atención la participación en las manifestaciones y el compromiso de tantos jóvenes». Este es un signo de que «no estamos condenados a la indiferencia».

Al ser consultado sobre si la oración debería primar sobre la acción pública, Parolin se muestra enfático: la oración «es esencial, cotidiana, fundamental». Sin embargo, recuerda también que la fe cristiana «o se encarna o no es». Pensar que el papel de los cristianos es «encerrarnos en las sacristías, me parece profundamente equivocado». La oración debe ir acompañada de «compromiso, testimonio, opciones concretas». La Santa Sede, a pesar de ser a veces incomprendida, seguirá pidiendo la paz y utilizando la palabra «negociación», ya que «la alternativa a la diplomacia es la guerra perenne». El cardenal concluye la entrevista con un llamamiento: «Debemos gritar con fuerza: paremos antes de que sea demasiado tarde».

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