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Poner en el centro el Sacramento de la Penitencia

Queridos diocesanos de Alcalá de Henares:

Los próximos días 8 al 9 de marzo celebraremos una nueva edición de las “24 horas para el Señor”, una iniciativa del Papa Francisco para poner en el centro de nuestra Cuaresma el Sacramento de la confesión. Se podría comenzar el viernes 8 de marzo por la tarde, con una liturgia de la Palabra, que motivara a las confesiones, y tener el Santísimo Sacramento expuesto, hasta la Eucaristía del sábado por la tarde.

Se trata de un esfuerzo que merece la pena: “24 horas para el Señor”, para agradecerle el don de su misericordia. Para reconocerle como Padre bueno, que acoge, que consuela siempre al pecador que se arrepiente y que le indica el camino para renovarse interiormente. Cada parroquia o comunidad cristiana puede hacer las adaptaciones que sean convenientes, pero no dejemos de celebrar esta preciosa iniciativa de encuentro con Cristo.

En estos tiempos de crisis que vivimos, si algo necesitamos es esperanza y perdón. Dios nos garantiza estas dos cosas, por eso acudamos a Él con toda confianza. Como dice el Papa Francisco, “el perdón es el oxígeno que purifica el aire contaminado por el odio, el perdón es el antídoto que cura los venenos del rencor, es el camino para calmar la rabia y sanar tantas enfermedades del corazón que contaminan la sociedad” (Ángelus 17-IX-2023). Y en otro lugar, comenta el Papa: “El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza, tanto para quien lo recibe como para quien lo ofrece” (Bula Misericordiae Vultus, n. 9).

No desaprovechemos esta Cuaresma para hacer una buena confesión, como decía San Pablo a los Corintios: “Os pedimos que os dejéis reconciliar con Dios” (2Co 5,20). San Juan Pablo II insistió mucho en que los primeros que debíamos confesarnos bien éramos los sacerdotes: “La vida espiritual y pastoral del sacerdote, depende, para su calidad y fervor, de la asidua y consciente práctica personal del Sacramento de la penitencia. En un sacerdote que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto, y se dará cuenta también la Comunidad de la que es pastor” (Reconciliatio et Paenitentia, n. 31; Pastores dabo vobis, n. 26). Reconciliados con Dios, estemos los sacerdotes más disponibles para que los fieles puedan acercarse al gran regalo de la confesión.

No le privemos a Dios de esta alegría. En su Carta Apostólica sobre la santificación del domingo, San Juan Pablo II, citando a San Ambrosio, decía algo muy hermoso sobre la confesión: Que Dios, el día séptimo de la creación, había podido descansar porque el día anterior había creado al hombre y a la mujer, y, en ellos, por fin había encontrado a alguien a quien podía perdonar los pecados (cfr. Carta Dies domini, n. 61). Dios se alegra al perdonarnos, no tengamos miedo. Hagamos caso a nuestro querido Santo Tomás de Villanueva, que nos dice: “¿Qué temes, pecador, si detestas tu pecado? ¿Cómo te condenará aquél que muere para no condenarte? ¿Cómo te apartará, si vuelves a sus pies, Aquél que vino del cielo a buscarte cuando huías de Él?”.

Recibid mi saludo y mi bendición.

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