Se refuerza con un proyecto marco, fruto de un camino largo y un trabajo conjunto, para favorecer que las nuevas generaciones se encuentren con Dios y se conviertan en discípulos misioneros
Que la pastoral juvenil en la Iglesia enfatice hoy que es «una pastoral con jóvenes» no es baladí. Ni solo una preposición. El Sínodo de los Jóvenes y la exhortación Christus vivit del papa Francisco puso sobre la mesa la necesidad de que la Iglesia acompañe a todos en las circunstancias y en todas las situaciones que viven. ¿Para qué? Para que se encuentren con Cristo, lo reconozcan y puedan ponerse en camino a la misión, esto es, sean discípulos misioneros.
Este es, de manera muy resumida, el objetivo de la pastoral con jóvenes en España, definido por los obispos junto con principios, opciones y estructuras en el Proyecto Marco de la Pastoral con Jóvenes, titulado ¡Poneos en camino!, aprobado en Asamblea Plenaria en noviembre de 2024 y ahora publicado por EDICE.
Un documento que tiene como guía el relato de Emaús, a ese Jesús que se encuentra con dos discípulos derrotados y abatidos y que camina con ellos en dirección contraria a la fe —se marchan de Jerusalén—. Los acompaña y escucha y, sin apenas mediar palabra, logra que lo reconozcan. Se encuentran verdaderamente con él, y de esa experiencia surge la necesidad de levantarse y volver a Jerusalén, al lugar de los misterios de la fe, y contar a todos lo que han experimentado.
Este relato no solo guía el desarrollo del citado documento, sino que, como dice Manuel Jiménez, delegado de Pastoral Juvenil de la archidiócesis de Sevilla, es en sí mismo una pedagogía: «Nos habla de acompañar, de ir en la dirección en la que se encuentran los jóvenes, a pesar de que se distancien del lugar al que los queremos llevar. Es una imagen bonita y potente para iluminar la pastoral juvenil y nos invita a proponer un encuentro transformador que haga a los jóvenes girarse para ir a la misión».
El proyecto, como se recoge en la introducción, pretende ser «una fuente de inspiración, criterio para la animación y para la orientación de la pastoral con jóvenes en nuestras realidades eclesiales», para lanzarse a los reclamos de la realidad, participando de las preguntas e inquietudes de los jóvenes, de sus luchas y sueños.
El texto se estructura en torno a tres ejes o metas volantes, que coinciden con tres momentos del encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús y con el método de trabajo sugerido por el papa Francisco en el Sínodo de los Jóvenes y en la Christus vivit: cuando camina con ellos (reconocer), cuando se les abren los ojos (interpretar) y cuando se ponen en camino (elegir).
La situación de los jóvenes
En la primera parte se analiza, precisamente, la realidad en la que viven los jóvenes, fundamentalmente un contexto secular y pluralista; pero también los cambios antropológicos que les afectan: la afectividad y la sexualidad, el mundo digital, la desafección institucional, la parálisis ante la toma de decisiones, la manipulación mediática o las fake news…
Como explica a ECCLESIA Raúl Tinajero, director de la Subcomisión para la Juventud e Infancia de la CEE, y uno de los grandes artífices de la renovación de la pastoral con jóvenes en la última década, la Iglesia se encuentra, en su deseo de acompañar a todos, con varios perfiles que necesitan una respuesta específica. Son tres grupos: los que están en casa, en la Iglesia; los que se han ido; y los que nunca han estado. «La mayor parte de los jóvenes está en el camino a la no fe», añade Tinajero y, por ello, se necesita una pastoral que camine hacia la lejanía, que acompañe hasta reconocer a Jesús.
En este sentido, añade que la propuesta antropológica de la Iglesia, basada en la donación, va en dirección contraria a las propuestas que ellos reciben, centradas en uno mismo, y que les está provocando un gran hartazgo. Así que se atreve a vaticinar que «la necesidad de volver a Cristo surgirá como una moda, pero será una necesidad para los jóvenes».
Un proyecto marco ayuda a todo esto, porque, como dice Daniel Díaz-Rincón, responsable de jóvenes de Acción Católica General, implicado en el proceso de elaboración, tener un plan «da sentido y orden». «La pastoral no se improvisa. Se piensa y se reflexiona», añade. «Necesitamos tiempo para sentarnos, también con los jóvenes, para dialogar y para salir afuera con las ideas claras», añade José Felipe Fernández, que fue delegado de Pastoral Juvenil de Ciudad Real entre 2009 y 2023. Se refiere a la elaboración del texto episcopal, pero también a su aterrizaje en las diócesis, parroquias y otras realidades eclesiales.
Porque si algo positivo tiene este proyecto, que no es solo un simple documento, es el proceso de elaboración, un valor en sí mismo. Lo aprobaron los obispos, sí, que son quienes lo hacen suyo y lo entregan al Pueblo de Dios, pero lo trabajaron conjuntamente, sinodalmente, muchas personas más, entre ellas, los propios jóvenes.
Como explica Tinajero, el Sínodo y la Christus vivit, así como la pandemia y el cambio de época que vivimos, hacían necesaria una respuesta nueva de la Iglesia para la pastoral con jóvenes. Una propuesta nueva en continuidad con la anterior —el proyecto marco de 1991 y su actualización en 2007—. Por eso, en 2021 comenzaron los primeros encuentros de responsables diocesanos, movimientos y congregaciones, que dieron como resultado un documento preparatorio (Poneos en camino) con preguntas para jóvenes, educadores, animadores y acompañantes. Las aportaciones se recogieron en otro texto (Puntos para el diálogo), también estudiado en distintas instancias eclesiales, y con el que el Consejo Nacional de Pastoral con Jóvenes redactó un instrumento de trabajo. Este fue presentado en una asamblea nacional en la que participaron 50 jóvenes. Y con todas las aportaciones se elaboró un texto que serviría de base para el definitivo.
«Hay que valorar mucho el proceso y todos los documentos que se generaron. Fue enriquecedor. A los que estuvimos implicados nos ayudó, a veces, a reafirmar ideas. Otras, a convertir cosas que creíamos inamovibles, pero ves que es el camino que Dios quiere», subraya José Felipe Fernández. Explica, por ejemplo, que este camino les ha ayudado a caer en la cuenta de que no solo vale una pastoral para jóvenes, sino que tiene que ser con ellos. Deben tener un espacio, una palabra, y puedan sugerir los caminos por los que ir.
«Lo que más destacaría es el proceso, que se ha hecho de forma sinodal. Cuando empezamos, quizás no se hablaba tanto de esto, pero ya trabajábamos así. Y me sorprendió lo mucho que se haya tenido en cuenta la opinión y la voz de nosotros, los jóvenes. Nos hemos sentido llamados, interpelados y motivados», subraya Daniel Díaz-Rincón.
Objetivos
Retomando el hilo del documento, el objetivo de acompañar al encuentro con Jesús se concreta en metas específicas: propiciar el encuentro personal con Cristo, acompañar a la inserción en la comunidad, proporcionar una formación adecuada, favorecer la corresponsabilidad en la tarea de la evangelización y servir de ayuda en el discernimiento vocacional. También se ofrecen criterios de orientación para llevar a cabo la pastoral: cercanía y proximidad al mundo juvenil, despertar discípulos misioneros, tener en cuenta la clave vocacional, presentar la vida cristiana como un don de sí y apostar por la comunión y la comunidad.
A partir de aquí, el proyecto marco profundiza en cuestiones relacionadas con el anuncio y propone, por ejemplo, la prioridad del primer anuncio o la necesidad de acompañar y formar a jóvenes evangelizadores… o la importancia de conocer a Cristo, celebrar la fe, ser testigos y formar una comunidad. Ofrece claves sobre cómo acompañarlos —pone énfasis en la acogida y la escucha— y aborda de manera concreta la vocación, para la cual se necesita discernimiento, y la misión, con propuestas sobre modos y lenguaje —la estética y la imagen como puerta de entrada, la necesaria presencia en lo digital, el compromiso social o el acompañamiento a los jóvenes líderes en su participación política—, formación, itinerarios de crecimiento en la fe o la necesaria estructura nacional y diocesana.
El salesiano Koldo Gutiérrez, uno de los grandes expertos de pastoral con jóvenes en nuestro país y muñidor también del documento episcopal, señala que los grandes subrayados de este proyecto son la sinodalidad, el acompañamiento y la misión. Además, enlaza la nueva propuesta con el proyecto marco anterior. El actual tiene como referencia el relato de Emaús, el previo destacaba la figura del Buen Pastor. «El peregrino de Emaús es el Buen Pastor, que ha salido a buscar a las ovejas entristecidas por los caminos del mundo. Hay un subrayado en el aspecto de estar en relación, de salir al encuentro, de acompañar en el camino de la vida y de respetar los caminos de las personas», explica a ECCLESIA.
Pero el salesiano también refiere otras cuestiones importantes, como el anuncio del kerigma, una cuestión, dice, muy desarrollada, o el tema de la vocación, «muy valioso en este momento de la historia» y que encuentra su sostén en la antropología del don. «Y hay una parte que a mí me gusta mucho, que es la que aborda el encuentro con Jesús, que es lo que, en el fondo, hay que favorecer. Que los jóvenes se encuentren con Jesús en sus circunstancias, en el camino de la vida. ¿Y qué es lo que acontece en ese encuentro? La amistad con Jesús. En el proyecto hay un sabor espiritual muy bonito», subraya.
Así, una vez establecido el terreno de juego y los principios, como dice el propio Koldo Gutiérrez, ahora tendrá que ser cada realidad —diócesis, movimiento, asociación— la que haga un discernimiento y proponga iniciativas concretas.
La aplicación
Luis Fernández Olivares, responsable de Pastoral Juvenil y Universitaria de la diócesis de Astorga, señala que el primer paso será que cale en el equipo que trabaja con jóvenes cada diócesis. En su caso, quiere que los jóvenes tengan protagonismo y, por ello, piensa implicar a los que ofrecieron sus aportaciones durante la elaboración del proyecto. Luego habrá que llevarlo a distintas realidades y zonas de la diócesis El sacerdote insiste en que el documento no ofrece recetas y sí orientaciones, y que al ponerlo en marcha o difundirlo «no hay que esperar números». «No hacemos las cosas para multitudes, sino para acompañar a personas y abrir procesos», concluye.
Para Manuel Jiménez, de la archidiócesis de Sevilla, este documento le servirá, además, como marco de referencia para atender, coordinar y proponer la comunión a toda la pluralidad de realidades juveniles que hay en la Iglesia local de Sevilla. «Nos ayudará a ir por la misma senda, con el mismo horizonte y acompañándonos en el camino, de modo que sepamos dónde encontrar ayuda y el destino al que nos dirigimos».
El documento concluye, precisamente, con un horizonte para jóvenes y acompañantes, para agentes y pastores: «La vida cristiana es una llamada a la santidad». Una propuesta que encuentra modelos en los santos, que pone la vida a la luz de Jesús y que irradia alegría. Como dice el papa Francisco, que cierra el texto, no hay que tener miedo a la santidad, porque no quita fuerzas, vida ni alegría. Todo lo contrario.








