Querido niño, querida niña,
Hoy, bajo el lema “Quédate con nosotros”, vivimos un día muy especial para toda nuestra diócesis de Tortosa: el Encuentro del Movimiento Infantil Diocesano. Es una gran fiesta, porque quiere decir que todos -pequeños y mayores, catequistas, familias y comunidades- estamos caminando juntos con Jesús. Él, hace muchos años, nos dijo unas palabras que llevamos cada día en el corazón: “Si no vuelve a ser como los niños, no entrará en el Reino de los Cielos” (Mt 18,3). Por eso, no sólo quiere que seamos tan fieles como lo eres tú, sino que aprendamos a confiar con todo el corazón, a amar sin miedo ya dar sin esperar nada a cambio. Porque, cuando un niño ama, comparte, perdona, ríe y espera como tú, está mostrando esa fe sencilla y bonita que Jesús quiere en su Iglesia.
Un año más, el Señor te invita a vivir con alegría, con la mirada puesta en Él, sabiendo que siempre andará a tu lado. Esto significa que no haces este camino solo: Dios Padre te ama, Jesús te acompaña y el Espíritu Santo te da cada día la fuerza que necesitas para ser tan valiente y generoso como eres.
El Movimiento Infantil Diocesano ayuda a los niños y niñas de toda la diócesis a crecer como buenos amigos y amigas de Jesús. ¿Verdad que no hay mejor plan? Este día no se trata sólo de jugar o pasárselo bien, aunque esto también forma parte de la fiesta, sino de abrir el corazón a Dios ya los demás: de aprender a escuchar su Palabra, a orar con sencillez, a compartir con los amigos, a ser generosos con quienes más lo necesitan, a ser manos y corazones de Jesús ya querer ser siempre amigos suyos.
Dios quiere que, desde pequeño, vayas aprendiendo a amar cómo Él te ama: con un corazón grande, valiente y confiado. Por eso, cuando tú sonríes, cuando compartes tu tiempo, tu amistad o tu cariño con otros niños, cuando ayudas a casa sin que te lo pidan o decides abrazar a aquella persona que ves que está triste, o te quedas junto a aquel compañero que todos abandonan en la escuela, Jesús te dice cómo te ama.
Sólo te pido una cosa: deja que Él camine contigo, y verás cómo tu corazón se llena de alegría, cómo tus ojos descubren la belleza de cada día y cómo tu sonrisa se hace mayor para compartirlo con todos. Porque tú, que ahora lees estas palabras, eres la forma más bonita que tiene Dios de mostrar al mundo su ternura, su compasión, su inocencia, su capacidad de perdonar y, sobre todo, su infinito amor. ¡Gracias por vivir en el corazón de Dios!







