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Ramón Valdivia, obispo en Ceuta, en ECCLESIA: «La sensación generalizada es que existe un abandono institucional»

Avance de la entrevista en ECCLESIA a Ramón Valdivia, administrador apostólico de Cádiz y Ceuta

Se ha cumplido un mes desde que entraran en Ceuta en torno a 70.000 migrantes —con decenas de fallecidos—, alterando la normalidad de la ciudad autónoma y provocando un drama humanitario entre los propios migrantes. Han pasado 30 días y, si bien la gran mayoría de los que entraron están de vuelta en Marruecos, todavía permanecen en Ceuta un número considerable. Los ceutíes exigen una solución para recuperar su vida, mientras que los migrantes siguen viviendo en condiciones que no son las más adecuadas.

La Iglesia ha respondido desde el primer momento a este drama. Lo ha hecho con palabras y con obras, con la acción de la Delegación de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta y de Cáritas, reforzando sus recursos. Con colectas especiales. Con la celebración de los actos religiosos por la festividad de la Virgen de África o con una jornada de oración por la paz, la estabilidad y la justicia en Ceuta. La cabeza de esta Iglesia es Ramón Valdivia, obispo auxiliar de Sevilla, que ejerce como administrador apostólico de la diócesis mientras no llega un nuevo obispo. Él ha pisado Ceuta y conocido la realidad de primera mano.

En una extensa entrevista que se podrá leer en el número de septiembre de ECCLESIA, el prelado recuerda cómo fueron las primeras horas de la crisis, el pasado 30 de julio: «Muy temprano, por la mañana de ese día, el vicario de Ceuta me avisó de la entrada de algunos migrantes. La primera respuesta fue fortalecer el Centro de Acogida de Migrantes San Antonio, de la Delegación de Migraciones de la diócesis, con la ayuda económica de la colecta de Cáritas de las parroquias de Ceuta. A las pocas horas de ese día, lo que en principio era una crisis migratoria localizada en la frontera con Marruecos, se convirtió en una entrada masiva que conllevaba unas consecuencias que superaban cualquier previsión. Al día siguiente, me trasladé a la ciudad autónoma y pude comprobar, de primera mano, el alcance de lo ocurrido. No solo afectaba a los movilizados, que comenzaron a vivir un desarraigo al no tener qué comer, ni beber, ni dónde dormir, sino también a los vecinos de Ceuta, quienes desde ese momento han visto frustradas su estabilidad y la paz».

Estado

Con el sosiego que dan las semanas, Valdivia pone palabras a cómo se siente la población ceutí: «La sensación generalizada es que existe un abandono institucional que genera ansiedad, miedo e inseguridad, que se ha visto acrecentado por la lentitud e inoperancia de quienes tienen la responsabilidad de defender el orden y de hacer cumplir la ley y los derechos humanos en el Estado social y democrático de derecho que rige en Ceuta, que forma parte de España y, por tanto, de la Unión Europea».

Y añade: «La mirada de futuro es imprescindible porque, si bien no puede dudarse en ningún momento de la condición española de la ciudad de Ceuta, la presencia del Estado debe fortalecerse hasta el punto de que esa confianza institucional asegure la estabilidad, la paz y la justicia en Ceuta».

Entiende que la población se sienta insegura e incluso vea esta crisis como una amenaza. «Es muy difícil no sentirse inseguro ante una situación como la que ha vivido Ceuta. Todo se ha paralizado de repente. El miedo se instala en la casa y se percibe todo como una agresión. Tenemos derecho a vivir con la seguridad que deben ofrecer los responsables que guían el bien común. No es lo mismo vivir en la frontera, o en la periferia, que en una zona segura. No creo que tengan el mismo valor los juicios morales realizados desde un lugar protegido a otro inseguro y frágil, porque la incertidumbre y el desamparo hacen más comprensibles respuestas que no son del todo adecuadas. ¡Por supuesto que una llegada masiva se vive como una amenaza, seríamos de otro mundo si nos resultara indiferente!».

Eso sí, explica que las instituciones y las mediaciones políticas pueden «arbitrar medidas eficaces para integrar las necesidades de esas personas» y que la Doctrina Social de la Iglesia puede «proporcionar principios y medidas que orienten y ofrezcan luz y aliento para tamaña misión».

Biopolítica

Valdivia coincide con el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, en hablar de biopolítica al referirse a este episodio en Ceuta: «Lo problemático de esta crisis es la desigualdad entre nuestra sociedad, más próspera y basada en la defensa de la dignidad de la persona, y la de los países de origen, que quizá han instrumentalizado a los más débiles de su sociedad como si fuera un arma arrojadiza, para generar inestabilidad en la zona».

Menores

Sobre la cuestión de los menores, afirma que «la Iglesia pone por delante la dignidad del menor, que no puede quedar oculta en un mero expediente burocrático». «Sin duda alguna, el principio que debe regir primordialmente es que los derechos fundamentales de los menores sean protegidos y garantizados, pero cuando la realidad no es fruto de un caso aislado de carácter migratorio, sino de un abuso flagrante de autoridad, y no hay recursos para atenderlos dignamente, se deben buscar alternativas que prioricen el bien de los menores», agrega.

Iglesia

En su opinión, cree que el papel de la Iglesia en estos momentos pasa por ser «garante de un espíritu de paz y de esperanza». «Jesucristo nos ha prometido su Espíritu Santo, y considero que esta situación crítica puede ser la ocasión para hacer valer la fuerza de este Espíritu», sentencia.

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