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El obispo de San Sebastián desmonta a los grupos políticos que piden retirar el Sagrado Corazón de Urgull por exaltación del franquismo

Fernando Prado subraya que la propuesta, de carácter ideológico, podría atentar contra la libertad religiosa de la numerosa comunidad católica

Como dice el obispo de San Sebastián, Fernando Prado, el mes del Sagrado Corazón en la diócesis se está viendo empañado por una controversia política, después de que las formaciones más radicales con representación en el ayuntamiento de la capital guipuzcoana estén reclamando la retirada del Sagrado Corazón en el monte Urgull por ser una «exaltación del nacional-catolicismo franquista». Además, lo harían amparados, subrayan, por la Ley de Memoria Democrática.

Para salir al paso de las afirmaciones alejadas de la verdad y de la naturaleza del monumento religioso, Prado ha escrito una carta extensa (ocho páginas) titulada La memoria en el corazón. En ella, ofrece los hechos relevantes para entender un monumento que fue inaugurado hace 75 años y que «había sido soñado y proyectado ya décadas antes de su inauguración».

Recogemos a continuación las ideas clave del documento:

Origen histórico

«Su origen se remonta en torno al año 1926 con ocasión de la difusión que en Guipúzcoa tuvo la entronización del Corazón de Jesús en las familias y en los pueblos, impulsada tras la encíclica Quas primas del papa Pío XI sobre la realeza social de Cristo».

Además, la devoción al Sagrado Corazón se remonta todavía más atrás: «Ya en el siglo XVIII, de la mano de la espiritualidad ignaciana, los insignes jesuitas Agustín de Cardaberaz y Sebastián de Mendiburu habían sembrado y hecho nacer la devoción al Corazón de Jesús con predicaciones, impulsando más de doscientas cofradías y difundiendo miles de imágenes del Corazón de Jesús en parroquias e iglesias de toda Guipúzcoa».

Solo motivación religiosa

«En todo este proceso —desde sus impulsos iniciales en los años 20, pasando por la Guerra Civil, la reactivación de la idea en 1944, la construcción, hasta la inauguración de 1950— la motivación fue exclusivamente religiosa: responder con un signo permanente de fe al anhelo de paz, consuelo y reconciliación que experimentaban los donostiarras y guipuzcoanos tras años de sufrimiento».

Financiado por los creyentes

«La idea siempre vino de la mano de la Iglesia y los dineros, fundamentalmente a través de las familias donostiarras y guipuzcoanas en general. Lo recaudado por cuestación popular ascendió a 1.798.591 pesetas».

Franco no estuvo en la inauguración

«En aquel acto, ni estuvo Franco, ni ningún otro miembro del gobierno o de la Falange, a diferencia de lo que sucedía en ocasiones similares cuando se inauguraron muchas otras edificaciones y obras públicas en San Sebastián».

Sin símbolos políticos

«A diferencia de otros monumentos de la época, el Sagrado Corazón de Jesús de Urgull permaneció inmaculado de toda simbología que hiciera referencia gubernamental o política alguna, tal y como se ha mantenido hasta hoy».

Patrimonio y cultura

«Es un patrimonio vivo: un referente escultórico que se inserta en el perfil del paisaje urbano y un pundo de devoción que generaciones de donostiarras han contemplado, aclamado y visitado. […] Las encuestas demuestran que para los donostiarras el Sagrado Corazón de Urgull es, después de Aránzazu y de La Antigua, una de las maravillas de Guipúzcoa».

Un lugar de encuentro, memoria y esperanza

«Hoy, la estatua del Sagrado Corazón, levantada en 1950 sobre las ruinas del Castillo de la Mota, simboliza esa voluntad de sanación: su brazo derecho se alza bendiciendo a la ciudad y su mano izquierda señala su corazón, evocando la apertura incondicional de la compasión frente a todo conflicto».

En definitiva, el obispo de San Sebastián subraya que la propuesta, con sesgo ideológico, «podría atentar contra la libertad religiosa de la numerosa comunidad católica. E insiste: «Al asociar erróneamente el monumento al régimen de Franco se sacrifica una lectura real de la historia, que indiscutiblemente reconoce que el proyecto original responde a una motivación exclusivamente religiosa y comunitaria anterior e independiente a la propaganda política. Lejos de ser un acto de adoctrinamiento, fue un acto católico de esperanza en un contexto piadoso de posguerra y reconstrucción social».

Y concluye con la llamada a valorar y conservar el monumento, pues es un emblema, cuya función ha sido la de sostener a una comunidad que ha compartido allí plegarias, devociones, celebraciones, alegrías y sufrimientos: «Nuestro Sagrado Corazón de Urgull remite a un mensaje universal de amor, reconciliación y esperanza anclado en la historia local».

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